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El Diario del Maule Sur
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Opinión 14-08-2020
Linares a través de El Heraldo - En su mes aniversario- La Reina de las aguas -Mona de la Plaza-
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La estatua -familiarmente llamada "Mona"- estaba emplazada en la Alameda; forjada en hierro, representaba la reina de las aguas. Su fisonomía no estaba en relación con su nombre.
La mujer vaciando -de una cántara- líquido de sus dominios a la copa de un bebé. Un exponente de tal valor, en la ciudad, dañaba el pudor y parecía sacrilegio mirar una mona desnuda.
El área de la plaza perfilaba edificios con estilo antiguo, y característica propia. Desembocaban las calles: Independencia, Kurt Möller (antes Constitución), Manuel Rodríguez (antes Comercio) y O’Higgins. Otras cuatro calles nacen del centro de cada costado: Linares de Jaén (antes 5 de mayo; luego 5 de abril), Quilo, Sotomayor y Curapalihue.
Linares ponía un matiz de arte exhibiendo en algunos paseos públicos figuras culturales, cuatro leones y dos perros de auténtico mármol en plaza de armas y una estatua en la Alameda.
En un sector femenino de la sociedad, prendió la idea de retirar la mona de la Alameda y llevarla a donde no mostrara su cuerpo (“tan a lo vivo”, decía doña Milagro Novoa, autora de la idea) a cuya influencia la retiran desde su sitio.
Esto no agradó a la mayoría del pueblo y una poblada se dispuso rescatar la mona y reponerla en su lugar. Tuvieron éxito.
El parlamento del pueblo acordó que una legión de honor montara guardia, vigilándola día y noche. Los acontecimientos tomaron un carácter, que influenciaron al Alcalde Benjamín Novoa, quien pidió a Guillermo Blest Gana –Intendente-, los medios para reconquistar la mona; llevándola cautiva a la Casa Consistorial y designándole un vestíbulo como celda, en el entrevés de las dos escalas que daban acceso a los altos de la Intendencia y la Municipalidad.
La discutida estatua, reina de las aguas de Linares, pasó a depender de las autoridades provinciales, puesta en un recinto que no correspondía a su dignidad y privaba al pueblo de uno de los valores del arte.
Desde el primer día de cautiverio en la Intendencia, tuvo por carcelero y vigilante al portero y antiguo servidor municipal, Ezequiel Tillería.
Tanto la estatua citada, como los seis leones y perros eran trofeos de la guerra del 79, traídos por los señores Dionisio Vela, mayor de ejército, Juan Manuel Frías y Vicente del Solar, el año 1894. Pocos pueblos del país conservan reliquias de esta naturaleza. (Bibliografía: “Las calles de Linares”, “Revista LINARES”, de la Sociedad Linarense de Historia y Geografía. Fotografía: archivo diario El Heraldo)
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