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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 21-08-2019
Linares es de todos
Cuando los días amanecen fríos, cubiertos de una neblina densa, fría, casi hostil no puedo menos que intentar imaginar cómo serían los días de los primeros linarenses y cuánto corazón y garra debieron poner en juego para ir de la nada, construyendo. Montes oscuros, arbolados de profusos sotobosques de terrenos vegosos y aguas a poca profundidad anegando y surcando como venas esta tierra, que enfrentando día a día a estos corajudos hombres, mujeres y niños que persistían en la idea de crear un punto de desarrollo urbano. Sin lugar a dudas no fue fácil.
Hoy, este territorio físico y humano es puerta y opción para muchos vecinos de otras ciudades, villas y villorrios que caminan por sus calles y plazas, todas con un trazado hipodinámico que se mantiene sin variación. Pero no son menos los que sienten que esta ciudad no otorga respuesta a las necesidades más sentidas, obligando a sus habitantes a mantenerse provincianos, con ese tonito de voz que tiende a ser como hacia arriba y oliendo a humo de chimeneas durante todo el invierno, evidenciando en cualquier lugar nuestra naturaleza sureña. Entonces inician periplos interminables, a veces por años y les mantienen alejados de este terruño que se niega a quedar detrás de Curicó y Talca. Una larga lista de autoridades no han cejado en el intento por dotarnos de progresos y sin lugar a dudas lo han logrado. Hemos mejorado y nadie puede decir lo contrario, sin embargo el sentimiento de agobio viene cuando observamos a nuestros vecinos del norte con su jardín donde el pasto está evidentemente más verde. Universidades, fábricas, industrias, centros culturales, hospitales y clínicas, variedad educacional… tanto de lo que tenemos tan poco, aparentemente. Y nos baja la rabia, la frustración, enrostramos a cuantos se nos cruzan la responsabilidad de lo que ocurre, desde los ancestros que eligieron este lugar y no el territorio de Putagán para levantar el poblado hasta el primer mandatario nacional y local, sintiendo que ellos no dan un golpe de timón que enderece nuestra nave y mejore el tránsito de la vida. Entonces pienso que con la misma pasión que polemizamos en las redes sociales, podemos hacer gestos de cambio. Pero ahí ya no nos gusta la cosa pues nos vemos enfrentados a nuestra propia responsabilidad, a las historias individuales que son las constructoras de lo colectivo y evidencia pertinaz de nuestro paso por la vida.
Linares, como cuerpo social, no lo está pasando bien. Uno de los problemas más complejos está constituido por el aumento de la concentración de la población en el área urbana, derivado principalmente de flujos locales lo que impacta el tránsito (los tacos descomunales ya no son novedad) y el valor de arriendos habitacionales. Siempre vapuleada, minimizada (“Linarito”), reprochándole constantemente ser la capital del sueldo mínimo, la ciudad de pobres y patipelados (termino tan en boga) sin embargo ¿Cuántas veces miramos con ojos de amor a esta hija complicada? Y, por favor, no se trata de contentarnos con poco sino agradecer lo que tenemos, que estoy de acuerdo que siempre podría ser mejor, sin duda!! Más, volviendo sobre mis cavilaciones… ¿Cuánto ha costado llegar hasta acá? Quizás si varios empresarios grandes y pequeños no se hubieran ido a otras tierras o pagaran sus impuestos en esta ciudad, y con la persistencia de la gota que horada la roca estuvieran en Linares, otra cosa sería. Quizás si en vez de comprar en otras ciudades, como para mostrar categoría, prefiriéramos nuestras tiendas, las nuestras de Linares, esas que con nombre y apellido conocemos y cuyos dueños no ceden en su entusiasmo. Ya oigo venir la voz de aquel díscolo sabio de Linares que dice “que banalidad! no solo de entusiasmo vive el hombre” Si, lo sé, es verdad, no solo de eso vive, pero ese entusiasmo por mirar nuestra ciudad con amor y esperanza también genera un ambiente positivo que nos hace atrevernos a crear. Quizás en mi desenvolvimiento social no cabe pensar en un Estado paternalista, que invisibilice sus ciudadanos como seres creativos y agentes de cambio sino uno que apoye con gesto y ley, iniciativas individuales, cooperativistas como por ejemplo políticas agrarias que impulsen la permanencia y desarrollo agroindustrial evitando el despoblamiento de los campos y los monocultivos.
Linares es una simple ciudad, sencilla, con todos los servicios públicos y privados necesarios, bonitos, baratos y variados lugares para comer, picotear y chacharear, una red de salud que cumple cabalmente, conectividad vial optima, colegios y liceos para todos los gustos, cadenas de tiendas que satisfacen todos los ámbitos del quehacer social. Nuestros empresarios locales se esfuerzan por traer lo mejor, las autoridades hacen un trabajo real por incrementar el bienestar ciudadano, pero es honesto decir que los fondos no son suficientes para arreglar de una pincelada falencias no solo acumuladas por el tiempo, por desgaste natural o falta de mantenimiento sino por la creciente población que va albergando nuestra comuna. En los barrios fallan las luminarias, las veredas están mal o no existen, los hoyos (por favor, se llaman hoyos y no eventos!!) afloran en caminos y la delincuencia hace de las suyas en todas partes, sin distinción. Entonces se hace vital accionar desde la Responsabilidad Social Individual, que se define como el compromiso, obligación y deber que poseen la personas como miembros de una sociedad o entidad, de contribuir voluntariamente para una sociedad más justa y de proteger el ambiente, es decir, la conducta ética de la persona para consigo misma y con su entorno, y que va mucho más allá del cumplimiento de las obligaciones legales. Lo anterior tiene carácter normativo pero no obligatorio, es decir, no tiene fuerza de ley, por lo que es un llamado a la colaboración mutua y al sentido común. Y cómo ser parte de ello? Con pequeños gestos que nos vinculan al todo: no bote basura a la calle; barra su vereda con una escoba y no con agua potable; si puede caminar hágalo y así se ahorra las lucas del gimnasio y no contamina; si saca a su perro a caminar usted limpie su caca y tantas otras pequeñas gestos que armonizan lo cotidiano.
La transformación individual es lo que ha provocado a un cambio en todas las sociedades, que se está traduciendo en exigencias cada vez más altas para los gobernantes, es una manera diferente de ver nuestro rol como ciudadanos, fortaleciéndolo. La toma de conciencia, la armonización de intereses y el liderazgo responsable son solo algunas de las características que la conforman y cuyo fin es construir ciudadanía informada, crítica y activa, sin embargo por más empeño en hablar de sociedades y organizaciones públicas o privadas socialmente responsables, sin personas responsables, solo serán palabras vanas. Por eso es que necesitamos todos ponernos en sintonía con el desarrollo de nuestra ciudad y el apoyo a las organizaciones que trabajan por ello, independiente de si compartimos la misma filosofía o no. Hay instancias de participación colectiva y debemos utilizar estos espacios, debemos enseñarles a las nuevas generaciones la importancia del trabajo colectivo, entendiendo este como parte de lo mío, no desde la otredad sino de lo propio, de lo que a mí me afecta aunque no lo note.
Linares nos necesita en positivo, de cerca y de lejos, necesita que nos miremos con tolerancia y que visualicemos un futuro provechoso aunque no vivenciemos nosotros los beneficios. Pensemos en las primeras familias que trabajaron por doblegar lo imposible y asentarse en estas tierras que hoy son oportunidad para otros chilenos. Agradezcamos y copiemos ese sentido colectivo. Nos hace falta, coterráneos.

(María de la Luz Reyes Parada)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 196
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