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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 08-03-2018
Los cuatreros
Una patrulla de policía logra arrestar a tres cuatreros, a quienes venían siguiendo la pista desde hacía meses. Cuando el teniente Castro y sus dos hombres entraron a la cabaña donde se ocultaban, los hampones estaban borrachos; junto a la casa, un camión tres cuartos cargado de vacunos y corderos faenados, listos para ser comercializados en fiestas patrias. Bajando hacia San Clemente, cerca de Armerillo, el vehículo se detuvo en medio de una humareda que emanaba del motor. El cabo Urzúa y el teniente Castro se bajaron a revisar.
–Uno de estos es mecánico–, comentó el cabo Riquelme, quien aún no se bajaba del auto. –Tenía un taller en San Clemente–. –Sí, es verdad– reflexionó el teniente mientras tomaba las llaves de las puertas traseras. –¿Cuál de ustedes es el mecánico? –¡Yo!– dijeron los tres hombres al unísono, todavía algo borrachos. –¡Bueno, cómo es la cosa, chistositos los güeones!, no estoy pa´ su güeveo. –Es el más viejo– gritó Riquelme, aún dentro del vehículo. –Ven y ayúdame con estos chistositos será mejor, Riquelme. –Ese, el canoso– aseguró el policía.
Lo bajaron, le sacaron las esposas y lo llevaron a ver el motor. –Uf! fea la cosa– dijo el mecánico. –Necesito ayuda, tráigame al Pirujo, trabajó conmigo.
Ya estaba oscureciendo y la lluvia amenazaba desde temprano con el trinar de los treiles y el viento norte. De pronto se cerró el cielo y el agua se dejó caer con violencia. Castro accedió y mandó a Riquelme a buscar al hombre.
–¡Pirujo!–, gritó el cabo, tratando de hacerse escuchar entre la lluvia y el viento cordillerano. –¡Ah!- respondieron al mismo tiempo los dos bandidos. –¡Bah! Están graciosos los güeones! –Es el barbón, gritó el mecánico debajo del auto.
Mientras el policía lo bajaba de un puntapié, el Pirujo rezongaba: –No se altere, no ve que se pone feo y se le arruga el cutis–. Riquelme, tembloroso y con el uniforme empapado, sacó su arma y lo apuntó en la cabeza, antes de comenzar a amenazarlo. Cuando la lluvia se largaba con todo y el viento sacudía los árboles con furia, el mecánico se asomó por debajo del vehículo y tomó de los pies a Riquelme, botándolo al barro, mientras el Pirujo tomó el arma de Riquelme y disparó en tres ocasiones contra el cabo Urzúa, matándolo al instante. El mecánico tenía al cabo Riquelme sangrando, casi inconsciente de tantos puñetazos en el rostro. El Pirujo saltó por encima del capó de la camioneta en búsqueda del teniente Castro, quien había desaparecido, perdiéndose en el
bosque.

(Hugo Villar Urrutia
Escritor)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 290
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