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Opinión 07-02-2018
Niños y redes sociales, ¿cómo establecer los límites?
YouTube, Snapchat, Instagram, Facebook o Whatsapp son algunas de las redes sociales a las que tienen acceso los menores de edad, y es que los niños de hoy son “expertos” en el uso de tecnología, pero ¿a qué edad es recomendable entrar en ellas?

El desarrollo social de los niños comienza en la infancia temprana donde son los padres y cuidadores principales, las figuras de apego y de relaciones sociales. Sin embargo, en la medida que crecen y se desarrollan se va ampliando el círculo de relaciones sociales hacia lo extra familiar. Como lo explica la psicóloga infanto-juvenil Fernanda Orrego, académica de la Universidad San Sebastián, “aproximadamente desde los 7 años en adelante, los vínculos de amistad comienzan a tomar una fuerza y una especificidad. Y es durante la pubertad y adolescencia que la amistad se profundiza y las relaciones sociales se vuelven un eje central de la vida”.

Es en este contexto en que las redes sociales cobran relevancia en tanto son una manera más de estar en contacto con los pares. “Es en este periodo en que por lo general, los púberes y adolescentes buscan incorporarse a redes sociales. Pero lo importante es que cada adolescente tenga conciencia que estar en las redes sociales implica exposición y por lo tanto debe tener la capacidad para evaluar la manera en que desea participar y cuanto exponerse”.

Y como esto no es sencillo de manejar es que las mismas redes sociales intentan regular poniendo edades mínimas para registrarse en ellas: 14 años en Facebook y 13 en Instagram, por ejemplo. Sin embargo, lo más complejo es el uso de whatsapp, ya que no tiene edad mínima y depende sólo de que los padres decidan que su hijo tenga celular con acceso a internet e instale la aplicación, pero para la especialista, tampoco se sugiere su uso antes de los 12 años.

Regular, supervisar o prohibir

Fernanda Orrego plantea lo complejo que es y el dilema que provoca en los padres el regular el uso de redes sociales, “ya que algunos caen en el sobre control y desean leer todo lo que sus hijos escriben, pero eso atenta contra la sensación de confianza de la relación y la posibilidad de que los púberes y adolescentes sientan que tienen privacidad y espacios propios en su vida”.

Para la psicóloga especialista en niños y adolescentes lo más importante es enseñar a los púberes y adolescentes la importancia de no entregar información personal, así como también de conocer sus límites y los riesgos de transgredirlos, “por ejemplo que no se saquen fotos con poca ropa y las publiquen; y a la vez estar muy disponibles en caso de que sus hijos sientan que necesitan ayuda porque los están molestando, acosando o se sienten en una situación de la que no pueden salir”.

“Selfies” y autoestima

El tema de las fotos en redes sociales es otro punto en el que poner atención. La psicóloga plantea que publicar una selfie no es un problema en sí mismo, sino el efecto que esa selfie tiene sobre los demás. “Durante la pubertad y adolescencia se está reelaborando la identidad, por lo cual es un periodo de múltiples inseguridades. Es por eso que durante ese periodo es que necesitan mucho reconocimiento y el de los padres no es el principal buscado, sino el de los pares”, enfatiza Orrego destacando que el problema de las selfies es cuando se utiliza como medición de la aprobación de los pares, “cuantos ‘me gusta’ tiene, por ejemplo, y se toma esta medición como el valor propio”.

Ante este punto, la académica dice que es importante poder ir construyendo una identidad en los hijos, “que no sólo contemple la dimensión externa y estética, sino también interna, emocional y de intereses. En la medida en que hayamos ayudado a nuestros hijos a descubrir estas facetas internas y construido seguridad desde chicos, es menos probable que su autoestima radique en la aprobación de la selfie”.

Finalmente la psicóloga insiste en recomendaciones que no están demás volver a recordar:

- No entregar información clave para identificar donde viven o teléfono de contacto.

- Ser conscientes que el mundo virtual no es un juego y pueden ser heridos si no se cuidan.

- Reconocer que la vida contempla el mundo virtual de las redes sociales, pero que lo más importante es quien soy en la vida real.

- Nunca olvidar dedicar tiempo a los amigos fuera de lo virtual.

- Siempre pedir ayuda si siente que está viviendo algo doloroso, incómodo o simplemente tiene dudas de si lo que está sucediendo está bien.
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