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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 12-03-2019
Orden Sufi Maqshbandhi hHqqani en Chile

El nombre de sufi es una expresión antiquísima, derivada de la palabra árabe saaf “puro”. La razón por la cual los sufis fueron llamados por este nombre es que su mundo interior está purificado e iluminado por la luz de la sabiduría, de la unidad y de la unicidad. Otro significado de esta denominación es que ellos estaban espiritualmente conectados con los más fieles compañeros del Profeta (que Allah le bendiga y le de Paz) y que fueron llamados “los compañeros con manto de lana”. Ellos también podrían haber usado el acostumbrado manto de lana de oveja (suf) cuando eran novicios, y haber pasado sus vidas con vestidos remendados. Así como su exterior era pobre y humilde, así lo es también su vida en este mundo. Ellos eran frugales en su comida, su bebida y demás placeres de este mundo. Aunque ellos podían aparecer muy poco atractivos para el mundo, su sabiduría se manifestaba en su gentileza y delicadas maneras, que los hacían atractivos a aquellos que saben. Seguían las prescripciones divinas. A los ojos de aquellos que buscan a Su Señor, ellos eran hermosos a pesar de su humilde apariencia. Ellos debían ser distinguidos y distinguibles y deben ser así; de esta manera, uno y todos, porque ellos están en el nivel de la unidad y de la unicidad, y deben aparecer como uno. (fuente: www.sufi.cl)

En la actualidad, el líder de la Orden Sufí Naqshbandhi es Maulana Sheikh Muhammad Adil Ar Rabbani, hijo de Maulana Sheikh Nazim Al Haqqani, heredero de una tradición que se remonta hasta los tiempos del Profeta (que la Paz, sea con él). En Chile su principal representante es el Sheikh Abdul Matin, quien desde hace varios años ha permitido que este profundo trabajo se extienda por nuevas fronteras. El Sheikh Abdul Matin, hace un año visita nuestra comuna y ha desarrollado varios encuentros con caminantes Sufí. Un turbante verde musgo, rodea el cono café que lleva sobre su cabeza, el primero para cubrir su cuerpo al momento de su muerte, el segundo, representación de la conexión con lo alto. Una barba espesa y canosa mese su barbilla, sus pequeños ojos cristalinos brillan y se proyectan alegres al cielo. Una camisa de algodón celeste, cae suelta fuera de sus pantalones tradicionales, kufs, de cuero negro le permiten calzar sobre la alfombra. En sus grandes y delgadas manos, cuelga un añoso y desgastado tasbi (semejante a un Rosario), con el cual regula devocionalmente el Dhikr (recuerdo de dios), mientras con su dedo pulgar derecho, traslada rápidamente cada una de sus cuentas, recitando cada uno de los 99 nombres de Allah.

El Sheik Abdul Matin, ingreso a la Orden Sufi Naqshbandhi Haqqani, hace más de 20 años, sobrecogido por una profunda búsqueda Espiritual, y el sorpresivo reencuentro con un amigo de infancia, quien regresaba de Chipre, luego de haber estado en contacto, con Maulana Sheikh Nazim Haqqani, maestro y líder de la Orden Sufí, referente espiritual de miles de fieles alrededor del Mundo. Abdul Fataj, recuerda la mirada, semblanza y palabras de su amigo, y como sus relatos se adentraron profundamente en su interior, movilizándolo a ser iniciado en el islam y adentrarse en los secretos de la Orden Sufí.
Su día comienza dando cumplimiento al primer Pilar del Islam, la Shahaadah, “testimonio de fe”, elevando su voz “bismillahirrahmanirrahim” luego, después de las abluciones, cumple con el Segundo Pilar “Salaat” “Oraciones”, comenzando en la madrugada, escuchando atentamente el llamado a la oración, para luego ubicarse de pie, en dirección a la Makkah, lleva sus manos a la altura de sus orejas, y pronuncia su oración en silencio, luego lleva sus manos hasta sus rodillas, desarrolla una genuflexión, para luego postrarse dejando su frente sobre el piso, momento en el cual, como pocas veces el corazón queda sobre el intelecto. Con Alegría agradece y rompe el ayuno, comiendo lentamente un par de dátiles, unta un pequeño trozo de pan negro en aceite de oliva con miel, mientras bebe un suave te de hierbas. Pronto llegan sus hijas, que corren a sus brazos, mientras junto a su esposa cargan la furgoneta blanca con ollas con unos guisos y termos con café, de las cuales se desprende un vapor aromático con especias, así, cumplen con el Zakaat, “la caridad” para quienes más lo necesitan, se dirigen a la Feria Central y reparten las aproximadas trescientas raciones del día. En su memoria está el recuerdo del Hajj, o peregrinaje a la Makkah, del que ha regresado hace unos meses y que bendecido por el término del Sawn, ayuno durante el mes del Ramadhaan, le proporciono la energía para continuar fortaleciendo el trabajo en la Tarika.
Para más información www.sufi.cl

Juan Francisco Andrades Pinto (Yahia)
Sociólogo
Magister en Educación
Prof. de Epistemología

Prensa El Heraldo | Imprimir | 213
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