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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 14-04-2019
Palmilla
A don Jacobo Coats le corresponde la gloria de haber construido el Molino a cuyo alrededor nació Palmilla. Los terrenos adyacentes pertenecían a Juan Encina de quien pasaron a sus hijos Juan, José de la Rosa y José Santos, quienes figuraban antes de 1870 como las personas más acomodadas y pudien¬tes de la región. El primero, Juan casó con Nieves Tapia, sirvió algunos años como Mayordomo del es¬tablecimiento y tuvo a su cuidado la vigilancia de las carretas que transportaban harina hacia los mer¬cados de Linares, San Javier, Talca y Curicó. Hijo de éste fue José Mercedes, quien heredó las activi¬dades de su padre, sirviendo igual cargo en el Mo¬lino de El Almendro,
Entre las muchas personas que llegaron a esta¬blecerse en la nueva aldea o en las vecindades de ella, podemos citar los nombres de Bartolomé Herre¬ra, nacido en Santiago en 1855, Secundino Alfaro, Manuel Chamorro, los Sierras, los hermanos José de la Cruz, Basilio, Eleuterio y Miguel Chacón Torres, nacidos entre los años 1836 y 1840 en Caliboro; Benjamín Monsalve, dueño con un hermano de un taller de carrocería ubicado en el camino al Parral (1870), cerca de Nieves Lobos que poseía numerosas propiedades. Con Bartolomé Herrera llegaron sus hermanos Ignacio y Tránsito que se ra¬dicaron en Linares, después de prestar servicios en la construcción del molino.
Después de su formación la aldea no se ha extendido y los que la conocieron (1880) y la vieron cuarenta años más tarde no encuentran ningún adelanto. Solo en 1944, después de un largo período de estagnación, se construyeron nuevas casas. Una de Segundo González, para almacén; la de la señorita Aurora Tapia y la de Carlos Tapia.
Una sola calle de tres cuadras de longitud que corre de Este a Oeste y otra perpendicular de unos cien metros de largo, es todo lo que forma el centro principal de la aldea. Allí tienen sus casas Manuel J. Villalobos, Carlos y Juan Tapia, Isaías Villalobos, Francisco Campos, Custodio González, Estanislao Vásquez, Segundo Encina, Segundo Vergara, Sofanor Bravo, Celso Leiva, Misael González, Heriberto Wilson, Manuel Wilson, Enrique Vera, Juan E. Encina, Agustín Gajardo, Segundo González, Manuel Leiva y Virginia Silvestre.
Lejos de la población están los predios de Manuel 1. Cruz, María Villalobos, Rafael Campos, Celedonio Chacón, Luis Vásquez, José María Yáñez; Luis Sepúlveda C., Abdón Tapia, Ramón González, Carlos Encina, Alfonso Araneda, Horacio Tapia, Narciso Valdés, Pedro M. Chacón y otros de menor superficie.
En 1944 se empezó a demoler el Molino para utilizar sus ladrillos en la construcción de la iglesia. La Sociedad Linarense de Historia y Geografía solicitó del señor Ramón González que le fuese cedido este edificio para conservarlo como un monumento histórico, desgraciadamente su dueño se negó a esta petición.
Por iniciativa de la misma Sociedad se creó la estafeta postal, inaugurada con el nombre de “Januario Espinosa”, el 6 de diciembre de 1947, acto al cual concurrió una numerosa delegación en la que se encontraba el Director General de Correos y Telégrafos, don Luis Campos Vásquez.
Momentos antes de verificarse la ceremonia se colocó una placa de bronce en la casa donde nació el ilustre poeta y escritor ubicada a unos tres kms. al poniente, en el sendero que se desprende hacia el Parral; en 1879 pertenecía a D. Nieves Lobos, luego de don Miguel Cofré. En la visita a esta casa y en la inauguración de la oficina postal y en el banquete ofrecido en casa de Estanislao Segundo Vergara, hubo numerosos invitados.
Si la importancia de la de un pueblo la juzgamos por el número de sus establecimientos de enseñanza pública, no hay duda alguna que esta fue de mucho rango en la mitad de esa época, ya que hay constancia que su primera escuela rural para hombres se creó con el N° 4, el 1 de marzo de 1860 y el 28 de febrero de 1873 la N° 4 para mujeres.
Estas escuelas tienen actualmente (1944) los números 14 y 15 y funcionan en un solo local, ubicado en la acera norte de la calle principal, frente a los Carabineros.
La parte ocupada por la N° 15 es la mejor del edificio; consta de un cuarto de 8x5 mts., dos contiguos de 5x5 y un patio de 20x15. La N° 14, destinada a los hombres, ocupa sólo dos cuartos de 7x5 mts. en el costado oriente de la construcción. Este era un galpón de 5x5 que su propietario destinaba a bodega para sus cosechas. Se le habilitó para sala de clase enladrillándose el piso, dividiéndolo por medio de un tabique y abriéndole una puerta y tres ventanas para darle luz. Las murallas están sin blanquear y las vigas descubiertas.
El local es tan desabrigado que el viento sopla por todas partes y durante los meses del invierno alumnos y profesores debido al frío salen a la calle a hacer ejercicios. Los profesores tienen que resignarse a trabajar en él por no haber otro en la localidad que reúna las comodidades, para que funcione un colegio como corresponde.
El Estado proporciona para el aprendizaje de los alumnos: Silabario “Mi Tierra”, “EI Lector Chileno”, tomos 1 y 2, además de cuadernos, papel de dibujo y tiza. Los lapiceros, plumas, lápices de madera, lápices de color, gomas, etc. son adquiridos por los alumnos, aun cuando las condiciones económicas son bien precarias, porque muchos de ellos asisten al colegio descalzos, sin sombreros, cubiertos con mantitas viejas. Si la Junta de Auxilio Escolar no proporcionara fondos para costear un almuerzo, habría niños que pasarían todo el día sin comer.
La Sociedad Linarense de Historia y Geografía, a raíz de su visita del 6 de diciembre de 1947, hizo gestiones para adquirir el recinto que rodea las ruinas del Molino y crear allí un grupo escolar, una plaza de juegos infantiles, un parque, una biblioteca y un pequeño teatro. La falta de cooperación frustró un hermoso proyecto.
Respecto al nombre de esta aldea no es raro que haya sido dado por imitación del mismo que existe en Colchagua, porque, en realidad, aquí nunca han existido palmas como las hay en los valles de Lolol, Nilahue y Paredones. Los primitivos pobladores distinguían sus pueblos con el nombre de Pilocoyán y más tarde, al construirse el Molino, lo llamaron La Obra.
Esta es la tierra donde nació Januario Espinosa, hijo de José Santos Espinosa y de Delfina del Campo Morales; hoy reconocida a nivel nacional e internacional por “La fiesta del ají de Palmilla Expogourmet”. (Bibliografía: Pueblos y campos de Linares, Eufrosina de Chacón).


Manuel Quevedo Méndez









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