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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 05-04-2020
Pandemia y cuarentena
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Me atrevo a incursionar en este ámbito, con dos temas; sabiendo que para ello hay mejores personas -en este mismo medio- que presentan textos de excelente calidad y magníficamente elaborados, señalando caminos.
Vivir en estado de alerta. Al día de hoy, las personas que declaran estar muy nerviosas como consecuencia de esta crisis son las que han tenido más contacto con el virus: los que dieron positivo, que tienen síntomas compatibles con la enfermedad o al menos alguien de su entorno, sean amigos, familiares o compañeros de trabajo, y que padecen el virus o la sintomatología asociada.
La sociedad tendrá que salir de esta crisis siendo más solidaria. Lo hará con más miedos, con más ansias de seguridad, porque tras semanas de encierro los números del coronavirus no han hecho más que empeorar.
La sociedad vive con un estado de ánimo de tranquilidad sorprendente; donde la mayoría de nuestros conciudadanos dice sentirse poco o nada nervioso. Y, si la crisis se agudiza, tal y como se vaticina, el clima social de sosiego se trizará y dé paso a un estado de ánimo de mayor agitación.
Los datos y el estado de ánimo. El contacto con la enfermedad demuestra que se altera el estado de ánimo. El nerviosismo se asocia a una mayor preocupación por la crisis, y a un consumo más intenso de información directamente (televisión, radio, prensa) o indirectamente (redes sociales, whatsapp).
El miedo a perder el empleo, sufrir una baja en el sueldo, ver el cierre de la empresa donde se trabaja, retrasar o paralizar una inversión, es más frecuente entre quienes están más nerviosos por la pandemia. En otros casos, el nerviosismo producido por el contacto directo o indirecto con la enfermedad, multiplica el temor a los daños materiales, en tiempos de recesión (que ya está en el horizonte económico mundial).
Nerviosismo y ansiedad tienen aspectos positivos, que nos preparan para afrontar mejor las crisis. Precisamente los más intranquilos cumplen rigurosamente las normas y se muestran más propensos en ayudar a otros, evitando que salgan de la casa. Esa capacidad de ponerse en el lugar de los otros, lo predispone a dar y recibir de los demás.
Los que sufren un estado de ánimo de alerta, creen que el coronavirus dejará una sociedad más temerosa, pero más solidaria. Sin embargo, lo hará con más miedos y más ansias de seguridad.
Esos temores serán otros retos en un futuro cercano. Deberíamos prepararnos para una situación más tensa. El prolongado encierro y la angustia ante los efectos económicos, sin duda que nos pasarán la cuenta.
Cuando pase la crisis. Hay una frase del campesinado chileno: “Nunca llovió tanto que no escampara”, cuando hay que enfrentar los tremendos aguaceros. Cuando pase la crisis, tendremos que reflexionar sobre el mundo que hemos construido y cómo habrá de cambiar, a partir de entonces.
La primera reflexión tiene que ser sobre el modelo de vida que hemos llevado, basado en el consumo y en el individualismo, elementos acusados por la responsabilidad que tienen en esta sociedad que vivimos.
No podría señalar las consecuencias negativas de ese comportamiento, pero cuando pase la cuarentena que nos acorraló, algo tendremos que hacer. Estamos viendo nuestra fragilidad como individuos y lo absurdo del consumo en tiempos difíciles, y que se nos ha venido tan de pronto.
Hay más por hacer, cuando pase la pandemia; esbozada hace años por Stephen Hawking, cuando predijo: “la humanidad no desaparecerá por una explosión nuclear, sino por un virus”; recordada por Bill Gates el 2015 en un discurso casi profético: “el peligro mayor para la humanidad ya no es una guerra, sino una pandemia vírica; sin embargo, el gasto en sanidad es ínfimo”. Todo eso por hacer, será cuando “escampe”.
Serenidad. Hay quienes no se enteran de lo que debemos hacer, para frenar al maldito virus. Como también hay quienes creen que no se puede corregir una falta de respeto u ofrecer disculpas cuando te equivocas.
No hay explicación para seguir caminando en reversa, aunque veas que con ese andar pones barreras e impides avanzar, en busca de lo mejor para toda la comunidad.
La gran noticia, de un medio nacional: “en pantuflas y con su perrita durmiendo al lado, así anima el matinal desde su casa”. Un tierno mensaje, sin duda, pero lejos de la realidad ciudadana.
Impresentable que presuman y recomienden cómo pasar la cuarentena (desde los matinales televisivos), cuando ellos (el variopinto panel) con los lujos que poseen y el dinero que tienen, lo puedan hacer de esa manera, sin percatarse que hay quienes ni siquiera pueden seguir sus recomendaciones, porque si no trabajan no comen.
Tercera edad, persona de alto riesgo. Vivimos en una sociedad prepotente y tan ajena a la muerte que, a veces, la gente sufre el delirio de creerse eterna; porque al parecer tras cumplir años (60, las mujeres y 65, los varones) ingresas a un grupo donde no harás nada bueno, nada malo y nada memorable.
Como si envejecer fuera sinónimo de humillante, entrando a una etapa donde quedas en estado quieto y pasas a ser persona de alto riesgo. No por las humillaciones corporales: visión empobrecida, articulaciones crujientes, presión arterial (alta o baja). Y la más humillante de todas: el menosprecio social -eres una vieja o un viejo de mierda-, como lo expresan tres viejos actores en una obra de teatro; cuyos nombres no recuerdo.
Vivimos alguna de esas situaciones, simplemente por ser viejos. Francamente, la forma en que los medios y los especialistas repiten la consabida frase que el coronavirus es letal -fundamentalmente- para “gente de avanzada edad” y “con patologías previas” es algo que humilla y desanima bastante.
No por la noticia en sí, que es un rasgo epidemiológico importante y necesario a considerar, sino por la forma cómo se dice, y porque la afirmación va de boca en boca: “tranquilos, no hay que preocuparse tanto con este bicho, total sólo mata a los viejos y a los enfermos”.
Natural es que los “de la tercera edad” y con “patologías previas” no compartamos los tópicos que señalan sobre el coronavirus. Saber que si con más de 60 ó 65 años, si padeces asma grave o bronquitis crónica, estarás en más riesgo cuando enfermes: somos personas de alto riesgo.
Vivimos en una sociedad tan alejada y prepotente, que a veces la gente sufre el delirio de creerse eterna; piensa y ve la muerte como un fracaso, porque “muere quien no es capaz de seguir vivo”.
Por favor, no sigan ninguneando socialmente a los viejos, porque su avanzada edad es un ejemplo digno de plena vida. Para meditarlo, por lo menos.

Manuel Quevedo Méndez














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