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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 27-03-2020
PANDEMIAS EN LINARES Y EL MAULE: MÉDICOS HEROICOS
Cada dos noches, y cerca de las cero horas, recibo un correo de don René Recabarren. Está en recuperación, lo esperamos todos, en manos de la mejor medicina del momento.
Pero, al margen de sus afecciones, que él sobrelleva con gran fortaleza, me envía mensajes, escritos y comentarios del momento presente. Uno sobre el drama de la vejez es de antología.
Pero el instante crítico que vive la humanidad es también materia de estos diálogos nocturnos y a distancia le narro la desconocida y olvidada presencia del Dr. Sótero del Río Gundían en París, en el laboratorio de los científicos franceses Albert Calmette y Camille Guerin. De cómo el médico chileno, recordado por su cargo de Ministro del Interior de don Jorge Alessandri, fue uno de los primeros especialistas en tuberculosis de Chile. De vuelta a nuestro país, trajo algunas muestras, aún muy experimentales, de la vacuna contra la enfermedad. Le cupo atender a un adolescente, larguirucho y ya enflaquecido, víctima de la cruel pandemia. Le dijo que su situación era muy delicada y que, si sus padres lo autorizaban, él lo inocularía con el suero anti tisis. Cursado el visto bueno, el muchacho se recuperó y hoy es el sacerdote Raúl Hasbún. El clérigo suele repetir: (y lo ha dicho en varias entrevistas) “debo mi vida a un masón”.
LA TUBERCULOSIS fue llamada la “peste blanca” o “enfermedad de los artistas”. Aun cuando en el planeta es de larga data, en Chile aparece en la primera mitad del siglo XIX, contagiándose rápidamente entre los sectores más desvalidos. La infección se anidaba bacterialmente en los pulmones, aun cuando puede darse en forma extra pulmonar. Se caracterizaba por el adelgazamiento del paciente y la segregación de sangre en la saliva por el daño del aparato respiratorio.
Por ser de muy fácil incubación en personas jóvenes, la enfermedad, que era asintomática en sus comienzos, llegó a todos los hogares sin distinción de clases: varios hijos de Andrés Bello y de Vicuña Mackenna murieron por su causa. La farrera banda de poetas nerudianos, de trasnoche, alcohol y exceso, tenían a la parca a su lado y pronto se los llevó a la otra vida: Raimundo Echevarría, Armando Ulloa, Romeo Murga, entre otros. La madre de Neruda, doña Rosa, y su hermana, Brígida, se fueron con días de diferencia. Desde la Moneda, salió la urna de don Pedro Aguirre Cerda en noviembre de 1941, llorado por todo el pueblo.
En Talca, a principios del siglo XX, la TBC atacaba con igual ímpetu que la siniestra viruela. Un médico de esa ciudad, el Dr. César Caravagno, trajo en 1928 un equipo de rayos X al país, lo cual permitió mejorar los diagnósticos. Además, desarrollaron una gran labor los médicos Dionisio Astaburuaga y Juan Manuel Salamanca y más atrás, el Dr. Lautaro Ferrer, autor en 1904 de una Historia de la Medicina en Chile, publicada en Talca y de la cual solo editó el primer tomo.
Antaño, la viruela, otra peste agresiva y fatal, atacó a familias enteras. En Linares y las otras ciudades se abrieron lazaretos, que no eran otra cosa que el preámbulo de la tumba. Donde hoy está la Escuela de Artillería existió uno a principios del siglo XX. No se sabe cuántas víctimas dejó esa epidemia.
Aunque en menor escala, la meningitis era otra infección mortal en los niños. La aparición de la penicilina fue un medio eficaz para tratar la afección. La droga llegó a Linares, en forma experimental y con muchos resguardos, en 1948. La trae la Farmacia González y es médico en Linares el Dr. Guillermo Vásquez Aravena. Una chica de catorce años, Sara Concha, llega con un cuadro de meningitis. El Dr. Vásquez aplica la penicilina, sin resultados inmediatos. Entonces extrae líquido de la meninge e inyecta el fármaco, logrando una notable mejoría de la paciente. El hecho es muy comentado en el país.
Don René me dice haber conocido al Dr. Sotero del Río, poco antes de su muerte, “muy alto”, lo recuerda, quien visitó Linares.
El mundo pasa por un momento angustiante. Pero la ciencia de ayer, con la ayuda del Creador, logró abrir las puertas de la luz y la sanación. Estamos ciertos que lo hará ahora.

JAIME GONZALEZ COLVILLE
Academia Chilena de la Historia
Prensa El Heraldo | Imprimir | 394
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