miércoles 18 de septiembre del 2019
Dolar $709,81 | Euro $780,61 | Uf $28.024,26 | Utm $49.131,00
El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 08-06-2019
Pasó el viento, volando, y dejó…
El cambio climático nos supone una gran cantidad de desafíos, los cuales quedaron en evidencia el pasado fin de semana luego de los tornados que arrasaron con varios barrios en la zona de Talcahuano-Concepción. Así como posterior al terremoto de 2010 modernizamos y ajustamos las 170 normas de diseño, habitabilidad, seguridad y construcción de todo tipo de viviendas, restará analizar como nuestras construcciones reaccionaron a las cargas vivas y muertas que fueron sometidas y que precauciones habremos de tener de ahora en más. Pero seguro que varias familias ya tenían ese conocimiento, pues todos recordaron el tornado que entró por calle Carampangue, levantó el techo del hospital nuevo, avanzó aceleradamente por los barrios reventando ventanales hasta que sin piedad se abalanzó sobre el Liceo Politécnico desnudándolo de su techumbre, que hizo volar con gracia y delicadeza por los cielos linarenses, hasta dejarlos tendidos por allá en San Antonio… entonces es dable pensar que no todo el cambio climático tiene razones antropogénicas sino también cíclicas, quizás.
Y esta ventolera no solo removió techos sino que vino a conectarnos con una memoria colectiva que se apropió de las redes sociales, las mesas de la once, y las conversaciones domingueras. Quizás, como comentó alguien, solo fue una ráfaga fuerte y en nuestra nula experiencia le atribuimos un nombre tortuoso. Pero debe haber sido tan inesperado como típicas las lluvias que, cansinas y rítmicas se dejaban caer por semanas sin escampar, a veces dándonos sorpresas poco agradables como cuando un invierno, en 1972, el río Ancoa ya sin poder contenerse, comenzó a inundar el Barrio Oriente, centrando su rumbo por Esperanza, Colo Colo, cruzando la línea por Valentín Letelier, como quien va de paseo. En ese entonces aun había servicio médico funcionando en el Hospital viejo y el Dr. Claudio Parra debió subirse a la carrocería de un camión ¾, evitando la fuerza del agua que ya llegaba a la rodilla, a fin de salir del recinto y asistir a una enferma. Así como este acontecimiento muchos ocurrieron cada invierno, cuando los caudales de los ríos que abrazan Linares – el Achibueno, Ancoa y Putagán- se salían de madre, arrasando los campos y caseríos, sin que esos desastres tuvieran mayor difusión que el boca a boca o los mensajes que la reina de la tarde, la Sra. Carmen Yáñez en su programa La Hora del Hogar, daba a conocer. Hoy, la instantaneidad de la información nos mantiene alerta y a pesar de todos los pronósticos, modelos climáticos, ecuaciones de Navier-Stokes y variados demases, continuamos estando a merced de la naturaleza,
Cuando oí la historia de la inundación del barrio Oriente e imaginé las aguas acaudalándose por calle Esperanza, no pude evitar recordar a Raquelita, diestra modista femenina, quien por años diseñó las bellas batas (la verdad, nunca entendí el concepto “bata”, debió haber sido algo como un camisero) blusas y faldas, pero también los vestidos de novia, en raso, blanco impecable, estilo “A”, como se estilaba. Pronto se dejará sentir el frío polar, quizás hasta con nieve, y nos enfundaremos en abrigos y parkas hechos al por mayor, sin la destreza y detalle de la fabricación que los artistas del molde o patrón de corte, tenían. Como olvidar a los Sres. Cárcamo o Lavín, cortes perfectos e impecables en ropa para caballeros. Las damas irían donde Raquelita o Eliana Soruco, quien por años instruyó a las estudiantes de Modas del Liceo Politécnico en las bellas artes de la confección, textiles, patronaje y tanto más. Entonces, cuando ya encontraba uno a su modista precisa, comenzaba la ceremonia aquella de ir a la Casa de los Algodones o La Campana para comprar un “alto de lanilla”, luego a la Casa de los Botones por el hilo y, obvio, los botones en perfecta combinación de color y diseño, exhibidos en cajitas de madera ordenadas en las estanterías y luego el ir y venir un par de veces para las pruebas, hasta estrenar la nueva prenda.
Y si sigo con moda femenina (perdón, caballeros) nadie como la Sra. Hilda, delicada y amable, quien junto a su colaboradora peinaban a las señoras con clásica moda. La peluquería ubicada en calle Chacabuco casi esquina Kurt Moller, donde hoy se alza un edificio, mantuvo hasta el final una clásica decoración de película de los ’60. Color verde pastel, secadores de cabello de pie, tipo cono, en donde las bellas horneaban voluminosos y redondeados peinados con tubos, malla y orejeras; manos diestras haciendo rulos, gatitos y colitas asegurados con una laca rosada que venía en una botella plástica.
La vida pasa tan rápido como el viento y nos va dejando sólo lo que aprendemos...
Vuelvo sobre la postura de que el cambio climático tiene un notable componente antropogénico pero un insoslayable vértice de variabilidad natural, que puede medirse entre otras formas, gracias a la dendrocronología, el estudio de los anillos de crecimiento de los árboles. Así, las épocas de profusas lluvias se marcan con anchos anillos de crecimiento, en tanto las sequías se representan como anillos angostos, evidenciando la poca disponibilidad de agua. Esto último se ha visto en los árboles de la zona centro sur, creciendo poco por falta de agua. Y agua de lluvia es lo que se está dejando caer en este momento, con truenos incluidos sin embargo resulta insuficiente para volver a estadios de índices hídricos normales. Esperemos que esto se mantenga y vayamos aprendiendo a que este cambio es permanente y la responsabilidad individual debe ser concordante con la responsabilidad colectiva.
Gracias a los que compartieron su historia conmigo… prometo regalarles un paraguas.

(María de la Luz Reyes Parada)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 300
Publicidad 1
Publicidad 38