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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 01-12-2017
¿Por qué Linares no tuvo tranvías?
Si Talca, San Javier, Parral e incluso Villa Alegre contaron con tranvías, ya fuese por tracción animal o eléctrica, Linares, a contar de 1917 hizo los esfuerzos y trámites del caso para tener este medio de movilización colectiva. Se argumentaba que Linares era una ciudad bastante extensa, tal vez una de las con mayor territorio de la república y, en consecuencia, se hacía necesario un tipo de transporte público.
Hacía dos años que Villa Alegre había inaugurado, con grandilocuente ceremonia, un ferrocarril eléctrico de once kilómetros de recorrido, superando a San Javier y Parral, que tenían tranvías tirados por mulas.
Los defensores de esta idea incluso definían el recorrido de los futuros carros: desde la avenida Brasil, luego Independencia hasta San Martín, doblando hacia el norte hasta llegar a Constitución, hoy Kurt Möeller, para continuar a Manuel Rodríguez. Desde aquí seguir al norte hasta el Convento de las Monjas del Buen Pastor. Retornar luego por M. Rodríguez, llegando a Delicias (hoy Valentín Letelier) y continuar hasta la Población Oriente, llegando al Templo Salesianos. Desde aquí retornarían por la calle principal de esta Población, hasta Brasil, punto de partida.
Editorialmente, El Progreso del 3 de enero de 1917, trazaba un idílico panorama para estos coches:
Sabido es que aquí los días de fiesta son tristes, pesados, largos. Cómodamente colocados en los asientos de un tranvía, saldríamos a recorrer las calles para disipar el tedio con la variación de nuestras impresiones. Iríamos a la Población Oriente: gozaríamos de otro aire y recrearíamos nuestra vista con el verdor de los árboles de sus hermosas quintas.
Desde luego se exhortaba a los capitalistas de Linares, para hacer, indudablemente, un buen negocio instalando este medio de transporte, donde se conjugarían una segura ganancia y, además, hacer el bien a la comunidad.
La situación quedó latente en el ambiente de esos años, pero siguió preocupando a las autoridades y a los privados. En 1920 se anunciaba la creación de una Sociedad Anónima para instalar carros urbanos en Linares. Se inició la colocación de acciones, la cual, según se aseguraba, marchaba con bastante éxito, al extremo que en pocos días el número de adquirentes bordeaba las mil personas. Se destaca el entusiasmo de vecinos y comerciantes, especialmente de los usuarios por donde pasaría la línea. Las acciones tienen un costo de diez pesos, pagaderos al firmar la respectiva escritura social ante el Notario y Conservador de Comercio.
Una vez depositados los valores en un banco de la ciudad, a nombre del Directorio o Gerencia que se designe, se iniciaría la compra de carros, instalación de líneas, solicitud de permisos, etc.
Se debió constituir el directorio de esta empresa y darse por iniciadas las diligencias, pero no se dieron a conocer los nombres de sus integrantes.
El 28 de mayo de 1920, el Directorio convocó a una sesión constitutiva de la sociedad que se realizó en el Hotel Central, lado sur poniente de la Plaza,. En esta ocasión además, se determinaría la iniciación de los trabajos.

EL PROYECTO SE ESFUMA
En septiembre de 1920, la expectación de los linarenses se mantenía intacta respecto de los tranvías urbanos. Las acciones se colocaron, el capital se acumuló y la directiva seguía vigente. Pero cuatros meses más tarde, la organización no daba señales ni informaba de haberse reunido. Rumores, algunas discusiones propias de los linarenses y otras situaciones, daban casi por abortado lo programado. La Estrella, del 3 de septiembre de 1920, decía:
Estimamos que, cuando se trata de una obra de progreso local, que a todo el mundo beneficia y que viene a dar mayor vida y actividad a nuestro comercio y nacientes industrias, no deben jamás dejarse de la mano las buenas iniciativas, mucho menos cuando éstas, como la presente, encontró entre propietarios y vecinos la mejor de las acogidas.

LA GESTION DE LA EMPRESA DE CHILLAN
Tres años más tarde, ya agotadas las instancias de la sociedad de Linares, llegó a la ciudad el empresario de Chillan Manuel J. Flores Millán, quien se entrevistó con el Intendente Vicente Acuña a fin de exponerle que, la empresa de carros de sangre de Chillan terminaba su contrato en 1924 con el municipio de esa ciudad y, de llegarse a un acuerdo, era altamente factible instalar las líneas en Linares.
Las autoridades encontraron conveniente lo propuesto por el personero y resolvieron convocar a una reunión de vecinos para tratar este importante proyecto y definir algunos aspectos básicos.
Pero los linarenses se enfrascaron en interminables discusiones en relación a las calles por donde pasarían las líneas, hubo acusaciones mutuas de que se favorecería a los que tenían más acciones y, en definitiva, no se logró un consenso. Aburrido con esta situación, el empresario buscó otros horizontes.
En definitiva los tranvías linarenses se perdieron en el pasado.

(Del libro en preparación Historia de Linares)

JAIME GONZALEZ COLVILLE
Academia Chilena de la Historia
Prensa El Heraldo | Imprimir | 339
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