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El Diario del Maule Sur
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Opinión 10-07-2020
¿Qué es la filosofía?
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Escribir sobre lo que es y no es la Filosofía, me obliga a destruir las fronteras limitantes de mi corporalidad y exigir al máximo a las facultades del intelecto y la razón. Cuando la noche es silente y un fresco susurro de lluvia golpetea el techo y la ventana, aún más placentero es este intento de buscar y/o construir una respuesta cercana a la verdad y por lo tanto alejada de todo error. Y allí mismo es que está la respuesta a la pregunta que hoy nos atañe. Buscar la verdad de todas las cosas.
El ser humano por su propia naturaleza propende hacia la búsqueda continua e incesante del saber, del conocer. La curiosidad se manifiesta puerilmente como un llamamiento instintivo habilitado por el magnífico órgano biológico del cerebro. La curiosidad, esta necesidad quemante de explorar y manipularlo todo, nos conduce hacia la búsqueda; este tránsito que se extiende desde el no saber hasta el saber, desde la costa de la ignorancia hasta el puerto del conocimiento. Pero esta búsqueda inicial sobre la totalidad del mundo y la realidad, luego se distorsiona y prontamente se fragmenta. La posibilidad de salirnos del trayecto y perdernos entre caminos sinuosos, es alta y muy factible. Las cuestiones radicales sobre nuestro origen, nuestro sentido y nuestro propósito han sido obviadas o simplemente restringidas a la teología o a la filosofía. Ahora bien, ¿qué es la filosofía?
La palabra filosofía está compuesta de dos vocablos griegos: filo (amor) y sophía (sabiduría), por lo tanto podríamos manifestar de forma cierta que la filosofía es el amor por la sabiduría. En los tiempos de Homero, la sabiduría estaba relacionada a la habilidad manual del artesano o del carpintero, pero en el idioma latín se traduce de la palabra sapientia, la que a su vez se deriva de sapere que significa degustar o poseer un paladar delicado. Así sabiduría tanto en el griego original como en el latín, tienen una marcada relación ya sea con las manos, la lengua o la boca; partes del cuerpo que nos permiten conocer las características del entorno y manipular los elementos, crear obras dotadas de calidad y excelencia, pero además diferenciar o discriminar entre lo dulce de lo amargo, entre la satisfacción y la tristeza, entre la verdad y la falsedad.

La raíz etimológica de la palabra filosofía nos conduce por un camino u otro a la perspectiva del amor, del amar, del despliegue de este sentimiento inclinado hacia la razón como medio de encuentro con la verdad y el conocimiento de las causas últimas. De esta manera, la filosofía tiende una cuerda o un puente entre un estado de no saber o ignorancia a un estado de saber o conocer. Es a esta tensión entre la abundancia o riqueza del conocimiento total y la carencia o pobreza del comprenderse no conocedor o no sabio, a la que llamamos finalmente filosofía.
Este amor intenso por el saber, conduce a la búsqueda incesante, al suplicio exquisito de la pregunta que jamás caduca, nos llama a desvelar más allá de la superficialidad de los conocimientos positivos y escarbar y continuar escarbando hasta aproximarnos un tanto más a las entrañas certeras de la realidad y la existencia. Manipular la fibra más íntima de todos los elementos, degustar la partícula más privada e inaccesible de todos los conceptos: la vida, la muerte, la mente, el conocimiento, la justicia, la belleza, el tiempo, el bien y el mal, el hombre y Dios, el poder, la existencia y la no existencia, la virtud y la libertad entre otros tantos.
Finalmente, la filosofía pretender alcanzar y cuestionar hasta al mismísimo conocimiento total de la realidad, uniendo los fragmentos de las verdades especializadas en las distintas ramas de la ciencia y en este largo y quizás perpetuo trayecto…hacer profunda e incuantificablemente feliz al hombre.


Boris Albert
Psicopedagogo y Filósofo
Prensa El Heraldo | Imprimir | 404
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