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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Hoy
Opinión 03-01-2018
¿Quo vadis, christiana democratiam? (Parte I)
¿Adónde vas, Democracia Cristiana? Parece preguntarse el espectro político nacional, al verla caída en estas elecciones presidenciales, pareciendo que por fin se va a cumplir los deseos de los agoreros de derecha e izquierda en verla abatida, y así repartirse, la tan ansiada guinda de la torta del centro político nacional, tras años de intentos y ataques para lograrlo.
Sin embargo, como un caballo de Troya actual, la DC se está destruyendo a sí misma por sus ambivalencias e incertidumbres políticas, luchas internas de grupos sin definiciones claras ideológicas y programáticas y por un grupo de gurúes inamovibles en su cúspide e impenetrables en evolucionar hacia los nuevos tiempos que se viven.
La Democracia Cristiana chilena ha tenido una relevante importancia en el devenir político, social y cultural de Chile, desde los años treinta, cuando un grupo de jóvenes visionarios se separaron de la juventud del Partido Conservador, para fundar la Falange Nacional y después en la década de los años cincuenta del siglo XX, transformarse en el Partido Demócrata Cristiano, encarnando los principios y valores del Humanismo Cristiano y la Doctrina Social de la Iglesia, para acrisolarlas en sus almas y así hacer realidad su vocación de servicio a los más pobres y necesitados de Chile.
Sus mejores hombres han estado al servicio de la patria.
Eduardo Frei Montalva, fue el primer presidente chileno demócrata cristiano, quien dignificó a los campesinos de Chile al llevar a cabo la Reforma Agraria y sindicalización campesina, a los pobladores con la Promoción Popular al darles voz, organizaciones vecinales y mejor calidad de vida con la construcción masiva de viviendas, a los empleados con la segunda gran reforma de salud al crear el Servicio Médico Nacional de Empleados, a los estudiantes con la reforma educacional y a la patria misma con la chilenización del cobre, lo que significaba que el Estado chileno desde ese momento era el socio mayoritario y nosotros, los chilenos desde ese instante ya podíamos destinar el 51% de sus utilidades en beneficio de nuestros pobres.
La DC no creyó en la arrogancia del sistema liberal de mercado, con una derecha despiadada en el tratamiento de los trabajadores, su individualismo consumista y materialista, que provocaba una gran desigualdad social, un inmoral enriquecimiento de una minoría en desmedro de una mayoría que veía sus posibilidades de realización y oportunidades desvanecidas, sumidas en una educación para pobres, cultura para pobres, salud para pobres, alimentación para pobres, sueños para pobres, etc., sin tener una postura de resentimiento social ni revanchismo, situación que jamás se lo ha perdonado de derecha,
La DC no creyó en la otra cara de la moneda, aquella del materialismo dialéctico y el materialismo histórico para combatir la injusticia social, que se proyectaba en la lucha de clases y cuyos vértices de este triángulo dialéctico son la burguesía, el proletariado y cuya síntesis final: el comunismo.
La DC no creyó en las internacionales, ni en la disciplina militar del Partido Comunista, ni en el ejército rojo, ni sus sistemas de propaganda, ni sus métodos represivos, y repudió los miles de asesinatos y purgas políticas que los afianzaron en el Poder Político, sin tener la DC una postura anticomunista, situación que jamás se lo ha perdonado la izquierda marxista leninista.
La militancia de la DC, especialmente sus jóvenes creyeron en sus líderes: Eduardo Frei, Radomiro Tomic, Bernardo Leighton, Patricio Aylwin, Gabriel Valdés y tantos otros que hablaron de la justicia social, la dignidad de todo ser humano y del amor al prójimo. Fue el único partido que en aquel entonces hablaba del amor.
La DC cree en el amor que en lo social se manifiesta por la justicia social y en lo espiritual por el amor a Dios y al prójimo.
Propuso a sus camaradas, y el pueblo de Chile les dio la responsabilidad de dirigir los destinos del país entre los años 1964 y 1970 y los cambios que Chile necesitaba se realizaron bajo el lema de “La Revolución en Libertad”
Algunos de sus camaradas condenaron el golpe militar y la dictadura, considerando que son las páginas más negras de la Historia republicana de Chile y lucharon para recuperar por medios pacíficos la Democracia chilena.
Heredaron esa esperanza de paz de su querido camarada Bernardo Leighton, quien, junto con su amada esposa, perdonaron a sus verdugos, cuando atentaron contra ellos en una calle de Roma, dejándolos con múltiples heridas de metralla y lisiados para toda la vida.
Heredó esa mística un hombre justo y bueno, ese hombre del momento histórico para hacer transitar la transición de la dictadura hacia la democracia, en paz y en la búsqueda del camino de la verdad, justicia y reconciliación.
El hombre, que logró que se conociera la verdad que hubo graves violaciones a los Derechos Humanos, lo que siempre se negó y se manipuló por los medios informativos y partidarios de la dictadura aduciendo que era una gran mentira del comunismo internacional.
El hombre por cuyo mandato se realizó el Informe de Verdad y Reconciliación, el que arrojó un resultado parcial de más de 3000 personas con resultado de muerte, producto de flagrantes violaciones a sus Derechos Humanos, sin que tuvieran ninguna oportunidad de defensa legal alguna.. Ese hombre se llamó Patricio Aylwin.
Sin embargo, aunque en forma muy resumida e incompleta, he tratado de destacar el accionar “políticamente correcto de la DC”, y parafraseando al nobel Mario Vargas Llosa, es su más importante libro “Conversaciones en la Catedral”, cuando exclama ¡En qué momento se jodió el Perú”, continuaré este artículo en una segunda parte reflexionando ¡En qué momento se jodió la Democracia Cristiana!

Carlos Cabezas Gálvez Escritor y ensayista
Prensa El Heraldo | Imprimir | 464
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