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El Diario del Maule Sur
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Opinión 04-06-2020
Recuerdos y añoranzas: en memoria de Nerva Albornoz
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Nunca sabemos, en los días juveniles, cuán lejano es el minuto de la partida final. La arrogante juventud pasa por encima de la idea de la muerte sin sospechar que puede estar a la vuelta de la esquina. Pero es mejor que sea así.
En Villa Alegre el sábado recién pasado falleció Nerva Albornoz Ramos, ya de avanzada edad, cuya imagen, en todo su esplendor, ilustra esta crónica.
Por las condiciones del momento, su funeral fue sin demora. Pero ello no evitó que un turbión de recuerdos viniera atropelladamente al pensamiento.
Es el verano de 1965, de 1966 o antes o después de esa fecha. Estamos en Rabones, precordillera de Linares, y Nerva, Nancy, Tania, Nena, don Raúl Orellana, mis hermanos y otros nombres juveniles aparecen en rostros y actitudes en el fondo del tiempo.
Pero Nerva, con una estampa de gran belleza, que era la adoración de su esposo don Julio Lara, tenía un grato protagonismo. Era integrante del Coro Polifónico de Villa Alegre, donde, con sacrificio y talento, se representaba La Pérgola de las Flores, la inmortal obra de Francisco Flores del Campo e Isidora Aguirre. Nerva era la Carmelita de San Rosendo, pero a su bien logrado personaje, unía una voz cálida, armoniosa, con acentos profundos y atrayentes. Una presentación efectuada en esos años en TVN dejó absorto al mismísimo autor de la obra.
Entonces, en los estíos de la montaña, en las noches estrelladas del puente, donde nos juntábamos los de menos edad (¿tanto ha pasado el tiempo?) Nerva solía entonar una hermosa canción que por esa época hiciera famosa un dúo de hermanos, conocidos como “Los Dólares”. El tema, de nombre “Incomparable”, era interpretado por su voz intensa y vibrante, con el trasfondo del torrente de río y el susurro del viento, llegando, así lo creo hoy, hasta rozar las estrellas.
Le pedíamos esta canción con insistencia, para disfrutarla en esos momentos. Tenía un poético comienzo: “Ni el cielo cubierto de estrellas, ni el suave reflejo de luna en el mar, ni todas las cosas más bellas que hay se pueden a ti comparar”.
Hoy, a más de medio siglo de esas vacaciones que parecían eternas, he vuelto a encontrar ese tema en los registros digitales que llegan en la red. La escucho mientras escribo estas líneas sobre Nerva, tratando de acaparar aquellas sensaciones de una edad pretérita. En todas ellas, sobresale la gracia risueña de nuestra amiga, sus palabras plenas de vida y su presencia que denotaba entusiasmo inacabable por todo lo que le rodeaba. Era intensa, plena, devota del arte, de la música, de la vida.
Los veranos ardientes, inmersos de yerbas agrestes, las noches, a veces de plenilunio, hacían suponer la eternidad de la existencia. Por ello, en cada fogata del campamento, entre risas y algarabía, solo se hacía silencio para oírla cantar. A menudo regañaba mi reiterada petición por “Incomparable”: “Hay otras canciones, Jaime”.
Hoy, ante su partida, en esta noche helada de Villa Alegre, no pudo dejar de recordarla con angustia y añoranza. La vi decaer con el tiempo, víctima de una cruel enfermedad. Cuando nos encontrábamos, era siempre un instante grato para ambos, pero me apartaba de ella presintiendo dolorosamente un desenlace.
En su personaje de La Carmela, de La Pérgola, en sus vibrantes canciones del Coro, en sus románticos temas de las noches de verano, ese rostro y esa entonación eran el alma y la presencia que nadie pretendía quitarle. Nerva llegó a ser la personificación de esos estíos luminosos y de una época lejana de Villa Alegre.
No es posible detener el tiempo, pero si se pueden atesorar recuerdos y nostalgias. Es el equipaje, creo yo, con el que se parte de este mundo. Nerva, fiel a su carácter, tal vez, no lo sé, pero quizás suceda, irá por los campos azules de la eternidad, como antaño lo fue por la campiña cordillerana, y su voz, o alguna voz, le dirá, como la canción de esa época, “Ni todas las cosas más bellas que hay se pueden a ti comparar”.

JAIME GONZALEZ COLVILLE
Academia Chilena de la Historia
Prensa El Heraldo | Imprimir | 1003
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