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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 29-11-2019
Reflexiones en torno al genocidio indígena de la Patagonia austral
El 25 de noviembre se conmemoran en Argentina 130 años del genocidio selk´nam. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, militares y cazadores contratados por los estancieros dieron muerte a una gran parte de esta etnia fueguina. Sumamos a estos decesos, los de los indígenas kaweskar, aónikenk y yagán, quienes de forma similar sucumbieron bajo la mano opresora de los potentados. Quienes no fueron asesinados, perecieron confinados en misiones salesianas y anglicanas, otros fueron secuestrados y exhibidos en recintos universales y en zoológicos humanos. La suerte corrida por unos y otros fue la misma: muerte por inanición, contagio de enfermedades venéreas, presas de caza.
La matanza indiscriminada de estas etnias sitúa en la palestra un cuestionamiento sobre la llamada Civilización y Barbarie: ¿quiénes fueron los civilizados y quiénes fueron los bárbaros en la Patagonia austral? La codicia de los colonos extranjeros y chilenos que arribaron a Tierra del Fuego hizo sucumbir a estos pueblos. Hoy sus imágenes se distinguen a partir de fotografías en blanco y negro, retratos de nieve, que dan cuenta de un imaginario social y cultural del Chile precolombino.
Ante las revueltas sociales actuales, es menester plantear que las demandas que se desprenden de este movimiento no son solo efervescencia, o, por lo menos, no pueden ser vistas únicamente como tal. Es tiempo de reflexionar sobre el lugar que deben habitar o rehabitar las etnias indígenas de la Patagonia austral, a las que por mucho tiempo les hemos negado la vista y el reconocimiento. La actualidad nos exige detenernos y otorgarles el espacio que por derecho propio tienen y que hemos avasallado sin miramiento alguno.
Los 130 años del genocidio indígena de la Patagonia austral, no pueden ser sinónimo de conmemoración; ni en Argentina, ni mucho menos en Chile. Es un hito que debe despuntar cuestionamientos y debates que nos lleven, como sociedad, a pensar en el multiculturalismo ausente y a atender verdaderamente al Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes −vigente desde 1991− y que reemplaza al anterior Convenio 107 sobre Pueblos Indígenas y Tribales. El Convenio 169 enfatiza en el reconocimiento de sus derechos ancestrales sobre sus tierras, entendiendo que estas les significan su subsistencia, siendo deber del Estado proteger sus territorios y salvaguardar sus vidas bajo la premisa del respeto por su diversidad étnica y cultural.
Las imágenes de monumentos destruidos que circulan en las redes sociales, cuya ausencia en los medios oficiales de comunicación es evidente, recubren el territorio de nuevos signos y resemantizan nuestras miradas impulsándolas a la introspección y la evaluación crítica de nuestro pasado y sus consecuencias proyectadas hacia el presente y hacia el futuro.
Cuando cae una estatua en Punta Arenas entendemos también que cae la colonización y creemos comprender que queremos mirarnos en el espejo buscando los vestigios de un pasado indígena que fue despojado de su lengua y de su cuerpo para satisfacer las ansias egoístas de una clase política y económica que trataba de ejercer soberanía donde nadie era soberano.
El despertar social de Chile pide una nueva Constitución que considere un Estado plurinacional que aúne a cada ciudadano de este país sin distinción de raza, etnia, religión, género, ni ningún tipo de discriminación. Finalmente, si somos capaces de mirarnos a los ojos y reconocernos ante todo como seres humanos, a secas, podremos avanzar en el establecimiento y desarrollo de un país más justo para cada uno de sus habitantes.

(Dra. Lorena P. López Torres y Dra. Marina Fierro Concha, académicas del Departamento de Legua Castellana y Literatura de la Universidad Católica del Maule)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 395
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