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El Diario del Maule Sur
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Opinión 09-05-2017
René Ariste Rojas, un conservador revolucionario
Ha muerto el Profesor de Estado en Castellano Rene Ariste Rojas. Una sucesión de encontrados sentimientos acuden presurosos a nuestros recuerdos y evocaciones. Le conocimos en 1963 en el Liceo de San Javier, donde cursábamos unas mediocres humanidades. Don René, recién egresado del Pedagógico, tras tardíos y esforzados estudios, fue destinado a ese plantel. Desde el primer momento se advertían sus profundas lecturas, casi extrañas para el medio. Velaba escrupulosamente por el buen decir, la expresión correcta, la ortografía intachable. Nos habló de los autores chilenos, franceses e ingleses. Nosotros, alumnos al borde de la ignorancia, con un profesorado mediocre y para quien el alumno era una bestezuela a la cual domar, nos pareció un caso raro de cultura. Fue el primero en hablarnos de Mariano Latorre y Federico Gana. Es más, nos impuso la lectura como rito sagrado. Nos pareció un sabio quizás excesivo para aquel viejo plantel de calle Esmeralda de San Javier.
En 1966 o 67, se nos “invitó” a dejar el liceo. Malas notas – producto de lecturas a toda hora y descuido de las restantes asignaturas – llevaron al Consejo de Profesores a “denegarnos la matricula”. Don René abogó sin éxito por la rebaja de la sanción. No hubo caso.
El Liceo de Hombres de Linares nos acogió con algunas condiciones. Ese mismo año don René fue trasladado a este plantel. En verdad se merecía un establecimiento de mayor categoría. Por esa época tenía obsesiones investigativas: Andrés Bello, Romeo Murga, Januario Espinoza, etc. Cada vez nos sorprendía más su talento indiscutible de innegable sabio. Todo en él demostraba amplias lecturas, caudalosos estudios. Y lo pudo exhibir. En 1972 o 74, no lo recuerdo bien, un programa de Televisión en Santiago, estableció un concurso de conocimientos. Don René se presentó con el tema de Andrés Bello resultando ganador. Su nombre apareció en diarios y revistas. Por esos días tenía un manuscrito de casi quinientas hojas con la vida de Isabel Bello Dunn, la hija del sabio venezolano. El único libro que logró publicar fue una valiosa biografía de Romeo Murga, en 1999.
En 1977, en una convocatoria de la Universidad de Chile, logró el segundo lugar con un erudito trabajo sobre Andrés Bello y su aporte al desarrollo cultural de Chile. En esa oportunidad logramos una mención honrosa y él tuvo la satisfacción de ver a su alumno de antes en un momento de impensado éxito. También alcanzó premios en el extranjero en notables certámenes.
Era un profesor atípico. Anoche recordábamos con mi hermano Juan Carlos sus "salidas" tan especiales: un día hablaba, en el Liceo de Linares, sobre las Odas de Neruda: a la cebolla, al caldillo de congrio, al gato, etc. Ponderaba la creatividad de quien era capaz de buscar belleza en las cosas más simples. Uno de mis compañeros, tallero impenitente, desde el fondo de la sala musita "Oda a los dedos de las patas". Alcanza a oírlo don René ¿Cómo dijo Quezada? "Nada señor", responde el aludido. Don René insiste: "Dígalo, puede ser algo creativo". El interpelado sigue negándose. Con autoridad le exige don René le repita el supuesto nombre. Hasta que éste, responde: "Oda a los dedos de las patas". Risotada general en el curso. Ariste lo mira unos tres segundos y le espeta. "Ud. es un huevón".
Pero su ancianidad fue de necesidades, como sucede a todos los profesores. Digno y orgulloso, tuvo el apoyo de su esposa e hijas. En su casa de calle Januario Espinoza, donde le visitamos varias veces, estaba su cuidada biblioteca y la pulcritud de su hogar.
Fue de existencia difícil. Le costó estudiar y más aún subir los escalones del Instituto Pedagógico. Compartió las clases de don Eugenio González y Ricardo Latcham. Toda su vida, de principio a fin, es un himno al esfuerzo, al sacrificio, al estudio y la lectura. Fue integralmente maestro. A toda hora.
En la década del 90 fue candidato a concejal por el Partido Comunista. No era un anárquico. Siempre le dije que en su interior había un conservador. Una noche lo encontré camino a su casa, me confesó casi con lágrimas en los ojos: “Mira, mi candidatura es un grito de protesta silencioso. Porque he llegado al final de mi vida y casi no puedo seguir educando a mis hijas. Entonces estoy en esta trinchera comunista como un desafío a una sociedad egoísta”.
Manuel Quevedo – le ruego me perdone la infidencia – me ha contado que una noche, enfermo, fue a dar a la sala común del hospital. Un ex alumno, ahora médico, pasó junto a él y preguntó con displicencia: “¿Quién es este hombrecito?”.
Hombre grande fue don Rene, porque se necesita mucho corazón para afrontar la vocación que tuvo y que abrazó con la fe de un predicador. Nada cultural le fue indiferente. En 1995 recibió la Medalla al Mérito Municipal. No creía merecerla, pero le dije que era un galardón ínfimo ante su legado de maestro, escritor, educador y forjador de almas.
Se ha ido, sin lugar a dudas, un gran Maestro. Escrito con la mayúscula de grande.


(JAIME GONZALEZ COLVILLE,
Ex Alumno)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 935
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