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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 14-07-2020
Réquiem para Isidora, Manuel Y Pablo
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Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro
y a veces lloro sin querer… (Rubén Darío)
Los versos se refieren a esa edad dorada en que los jóvenes pueden vivir el presente, con el entusiasmo propio de la juventud, mirando el futuro.
Tres jóvenes vidas se apagaron durante estos días y las heridas no dejan de doler. Familiares y amigos aún no encuentran respuestas, porque es algo inesperado aunque la partida de un ser querido, en algún momento sucederá en el tiempo.
En algunos casos es una enfermedad o algún problema que avisa la cercanía de esa despedida, pero también nos enfrentamos sin previo aviso y parten de nuestro lado -y para siempre- familiares, amigos y conocidos a quienes tanto queremos.
Duele mucho despedirse de un ser querido, y atrevernos a decir adiós a una persona fallecida es como perder una parte de nosotros mismos, a veces tan cercana como perder una parte de nuestro corazón.
Hay un dolor enorme frente a la despedida para siempre de alguien cercano y si hay algo que se puede aprender de la muerte de un ser querido, es a vivir de la manera más plena posible el día que tenemos hoy.
¿Le habremos dicho que los queríamos? Los más cercanos y los suyos seguro que lo hicieron, y ellos -como jóvenes- fueron felices, pero con algunos sueños, ideas y proyectos, anidados en algún rincón sin poder hacerlos realidad.
Quiénes somos para evaluar si lo hicieron bien o mal, en su paso por esta vida. Hoy, nos asaltan los misterios más profundos de la historia del ser humano. ¿Por qué ellos, siendo jóvenes? ¿Por qué de esa manera? ¿Por qué sin poder despedirnos? ¿Por qué?
Estamos en una nube gris que envuelve mente y corazón. Todos los que conocimos a Isidora, Manuel y Pablo, sabíamos de su enorme fidelidad familiar. Amor por su familia, amor por los amigos y compañeros de curso, animando y ayudando siempre en momentos de dificultades, para sentirse útiles al grupo y ser mejores personas.
“Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma, también se nos muere algo en nuestro cuerpo” (de una canción de Alberto Cortez), confirma que los humanos sabemos poco y nada del misterio de la vida, y porqué Dios no evita que personas en plenitud, nos dejen en este valle de lágrimas, por qué suceden las injusticias en estos jóvenes que vieron quebradas las ilusiones de su futuro. ¿Por qué?
No dejemos de acompañarnos por el mundo, cuidemos a los nuestros y seres queridos, para que puedan seguir el camino que la vida les ha puesto por delante. A todos mucha fe para continuar en este caminar terrenal hacia la vida infinita, para que aunque no tengamos su presencia, sepamos hacer lo mejor en esta vida, como ellos lo hicieron.
Juventud divino tesoro ¡ya te fuiste para no volver! añorando la juventud perdida y el paso del tiempo cuando ya no hay vuelta atrás.
Mis respetos, afectos y agradecimientos a Isidora, Manuel y Pablo -héroes del mañana- que partieron anticipadamente. Gracias por sus vidas.

(Manuel Quevedo Méndez, su amigo y profesor)

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