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El Diario del Maule Sur
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Opinión 28-06-2020
Resolución de incidentes críticos en la escuela: ser autoridad
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Una de las labores que debemos afrontar el profesorado, aparte de diseñar, ejecutar y evaluar procesos de enseñanza y aprendizaje, es responder de la manera más efectiva y oportuna a los INCIDENTES CRÍTICOS que se producen cotidianamente en las escuelas.
¿Qué es un INCIDENTE CRÍTICO?
Es un suceso destacado, acotado en el tiempo y en el espacio, que se produce de manera imprevista. Es CRÍTICO cuando supera un determinado umbral emocional que puede poner en crisis a los sujetos que la vivencian y que pone en riesgo a todo su entorno inmediato.
Algunos de los Incidentes Críticos más comunes en las escuelas, se dan en la relación profesorado y los estudiantes (discusiones, falta de motivación para hacer los deberes, plagiar un trabajo, desorden, atrasos, entre otros), pero también se dan entre los propios adultos, situación que puede repercutir directamente en la convivencia escolar y los aprendizajes de los estudiantes.
Los adultos que trabajan en los centros educativos, deben ser responsables de sus palabras, acciones u omisiones, deben ser capaces de controlar sus impulsos y emociones, ya el trabajo educativo involucra ser AUTORIDAD.
¿Qué es ser autoridad en la escuela?
La palabra autoridad que viene del latín auctoritas, se deriva de auctor, cuya raíz es augere, que significa aumentar, promover, hacer progresar, hacer crecer. Por tanto, etimológicamente autoridad es una cualidad creadora y para ello debemos ser los primeros en ser autoridad de nosotros mismos, de AUTO-POSEERNOS en nuestros propios actos, solo así lograremos ser verdadera autoridad frente a nuestros estudiantes y la sociedad.
A cada acción que realicemos, sobreviene una respuesta, de allí que la labor educativa es tan compleja, a cada paso que damos somos ejemplo para otros, realmente es una profesión 24/7, que nos exige una profesionalidad a toda prueba. ¿Quizás de allí radica el hecho que surjan tan pocas vocaciones hacia la pedagogía?
Como hemos visto, la primera tarea para evitar Incidentes Críticos es el autocontrol de nuestras emociones y acciones, pero seguramente igual sucederán situaciones que nos descompensan en lo emocional y que no nos dejan indiferentes, como puede ser el maltrato infantil, la pobreza, la violencia contra la mujer o la falta de oportunidades de muchos de nuestros jóvenes con talento que no llegarán a obtener un título.
Lo importante para no decaer en nuestra profesionalidad, en nuestra esperanza de construir una mejor educación y calidad de vida de los estudiantes que educamos radica en el hecho que no estamos solos en esta hermosa tarea pedagógica. El profesorado debe darse cuenta que la mejor manera de enfrentarnos a la compleja tarea de educar es en compañía de otros que comparten mis sueños, debemos comenzar a construir COMUNIDADES EDUCATIVAS DE APRENDIZAJE, fomentando el diálogo y la participación de todos los actores posibles (madres, padres, voluntarios, profesionales, técnicos, equipo directivo, sostenedores, fuerzas vivas de barrio, colegas).
En la medida que las escuelas creen sinergias con su entorno, se darán cuenta que disminuirán los incidentes críticos tradicionales (peleas, falta de motivación, uso del celular, copia, no estudio) y serán reemplazados por otros incidentes como el gestionar el recurso humano voluntario en la escuela, el dirigir una asamblea general de madres y padres deseosos de colaborar en el aprendizaje de sus hijos, liderar proyectos educativos alternativos, responder a las altas expectativas que tienen los estudiantes de su educación, entre otras que anhelamos.
El profesorado del presente y futuro, finalmente no debe reproducir las prácticas del pasado, la escuela que nos enseñó “que la letra con sangre entra” debe quedar enterrada para siempre, al igual que el conformismo y el maltrato físico y psicológico. La nueva escuela, quizás hasta deba cambiarse de nombre y dejar la uniformidad de lado, en este mismo momento debemos declarar que la “escuela ha muerto”, luego del duelo que eso puede significar para algunos que han obtenido provecho de esta forma de “entrenamiento en masa, nacionalista y etnocentrista”, les propongo el gran desafío de soñar todos juntos una educación al servicio de lo humano y lo divino, de lo terrenal y lo celestial, de lo mágico y o real, con una cosmovisión pachamámica, originaria y fecunda.

Dr. Pablo Castillo Armijo
Profesor Auxiliar Departamento de Fundamentos de la Educación
Facultad de Ciencias de la Educación
Universidad Católica del Maule
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