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El Diario del Maule Sur
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Opinión 24-10-2020
¿Sabía Ud. por qué es interesante el libro “La patria de cristal”, de Elízabeth Subercaseaux?
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La autora define al texto como una novela que recorre el siglo de la Independencia de Chile y aquellos protagonistas que la hicieron posible: Aristócratas coloniales, héroes, próceres y aventureros. Los personajes se muestran despojados de los bronces y pedestales que siempre ocultan su dimensión de carne y hueso. ¿Cómo fueron sus vidas?, ¿Cuáles fueron sus pasiones, miedos y debilidades? Y ¿De qué manera sus acciones modelaron el destino de Chile?

El libro consta de 445 páginas y contiene 5 capítulos. El primero abarca desde 1802 a 1823. El segundo, de 1824 a 1837, el tercero, de 1839 a 1871. El cuarto, de 1879 a 1883 y último de 1886 a 1891. (no se sorprenda si faltan años). La particularidad de ellos es que están escritos en relatos relativamente breves que partiendo de una historia familiar va dando coherencia a los hechos narrados. Por ejemplo, el primer capítulo contiene 54 de ellos, el segundo 14 y así sucede con los demás. Esta forma de narración hace atractiva su lectura, no cansa, no aburre, todo lo contrario. Más aún, permite la interrupción en cualquier apartado y continuarlo posteriormente sin perjudicar el hilo conductor de la novela.

Una segunda particularidad es que la amenidad de los hechos ponen al lector como un personaje más y un observador in situ de cuanto ocurre, con el plus de que permanece en el tiempo permitiéndole vivenciar lo que ocurre aunque el tiempo pase y los personajes nazcan, desarrollen sus vidas y mueran, siguiendo por tanto presente los acontecimientos que vienen.

La obra describe varias situaciones correspondientes a los períodos que abarca, así, se aprecia el contraste entre la riqueza versus la pobreza en Santiago, las ideas libertarias versus sus detractores, algunos grandes problemas de Chile, como la ignorancia, la ambición, el fanatismo, la Guerra de Chile con España, El desastre de Rancagua y sus consecuencias, las Constituciones, las conspiraciones, los problemas que tuvieron que enfrentar los primeros gobernantes y mucho más.

En cuanto a figuras conocidas por la historia aparecen por ejemplo, O’Higgins y los Carreras (incluida la enemistad entre ellos), Andrés Bello, Diego Portales (incluido su asesinato), Antonio Varas, Aníbal Pinto, Manuel Rodríguez, Camilo Henríquez, Casimiro Marco del Pont, etc. Estos relatos incluso dan lugar a interrogantes que a veces se pasan por alto, como por ejemplo: ¿Quién nombró Director Supremo a Bernardo O’Higgins?, ¿Quién lo obligó a abdicar y al destierro?, ¿Por qué pasa de héroe a villano? Y otras que pueden despertar la curiosidad del lector.

Podría sumarse como un mérito de la novela el hecho de que hace conocer la historia de Chile de una manera entretenida, más cercana, más humana que dan paso a querer verificar los acontecimientos en los volúmenes que sobre ella existen.

En otro ámbito derivado de la obra se podrá reflexionar sobre lo efímero de la vida, de aquellos que fueron y ya no están, a los que nunca conocimos ni nos conocieron, de los que vendrán e ignorarán nuestra existencia al igual que nosotros las de ellos. Esto hace recordar a Jorge Manrique en “Coplas por la muerte de su padre”. En consecuencia, da paso a una dimensión existencial del sentido de la vida y su transcendencia.

En palabras finales, debo decir que hay muchísimos temas interesantes que mezclan hechos históricos como imaginarios con anécdotas y también dramas ( el incendio de la Compañía o el caso del Sacristán, que trajo consecuencias entre instituciones) y otros que aumentan aún más el interés por conocer nuestro pasado como nación.



Es mi palabra!

GASPAR DOYLE
Prensa El Heraldo | Imprimir | 357
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