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El Diario del Maule Sur
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Opinión 03-12-2017
Santa Bárbara y la Artillería
Con motivo de la celebración del día de Santa Bárbara, este 4 de diciembre, recordaremos los lazos de unión, en la historia y en el tiempo de esta virgen y mártir con la Artillería.
Santa Bárbara no solo es la Patrona de los artilleros, sino de todas las profesiones que manejan explosivos. Es también patrona de los mineros, canteros y armeros. Es invocada contra truenos y relámpagos y todo accidente derivado de explosiones de pólvora. Su patronazgo se amplía a algunas fuerzas navales y cuerpos de bomberos de Francia y de Italia, de algunas poblaciones españolas y de la mayoría de las naciones de Iberoamérica, así como, por supuesto, a la casi totalidad de los artilleros del mundo cristiano de Occidente y Medio Oriente.
Y algo muy importante: en Linares también es un día muy especial ya que aquí se encuentra el alma mater de esta gloriosa arma del Ejército de Chile: la Escuela de Artillería,
Su festividad continúa celebrándose cada 4 de diciembre, a pesar de que fue ´jubilada´ del Santoral católico en 1969 por el Concilio Vaticano II convocado por el Papa Juan XXIII, al considerar que no había suficientes pruebas documentales que justificaran su `Hoja de Servicios´ como tal. Pero la realidad es que Santa Bárbara es una de las santas cristianas (es decir, tanto para católicos como para protestantes y ortodoxos) más universales y populares.
Pero, ¿por qué Santa Bárbara es la patrona de los artilleros?
La primera referencia a la devoción y culto público a Santa Bárbara la ubicamos en España, es de 1248 y se refiere a la conquista de Alicante y su castillo por don Alfonso (más tarde Alfonso X el Sabio), el día 4 de diciembre de dicho año. De ahí el nombre dado al castillo, que cuenta en su interior con una capilla dedicada a la Santa.
Casi desde el nacimiento de la artillería medieval, y probablemente por la intervención del rayo destructor en el relato de su martirio, los artilleros europeos se acogieron al patronazgo de Santa Bárbara. Lo anterior se demuestra en documentos del siglo XV en los que se consigna que las compañías de artillería francesas se constituían bajo el amparo de esta Santa.
Aunque desde el comienzo de la existencia de los artilleros españoles se dé por segura la tradicional advocación a Santa Bárbara, el más antiguo documento que se conoce que cita su patronazgo sobre ellos es de 1522 y dice lo siguiente:
"Yo, Don Juan de Acuña, Alcaide del Castillo de Burgos por S.M. digo: que vos Gerónimo Ximénez Denciso, Tenedor de los bastimientos de dicho castillo por S.M. distes por mi mando al Capitán Terramond por S.M. el día de Santa Bárbara para tirar la fiesta de los artilleros, ques aquel día su fiesta, dos barriles de pólvora para tirar ciertos [disparos] de los [cañones] gruesos y los morteros de aquel día, que pesarían diez arrobas; la cual pólvora está a cargo del Mayordomo de la Artillería, Francisco de Xerez; y por ques verdad que lo dio en dicho día a cuatro de diciembre de mil quinientos vente y dos, lo firmo en mi nombre Don Juan de Acuña". (Archivo de Simancas, Guerra, Mar y Tierra, legajo 3º, año 1522. Tomado del Memorial de Artillería de 1884).
Reseña biográfica de la Santa
Las referencias a la Santa son muy antiguas, parece que vivió en el siglo III, pero no se puso por escrito nada de su historia hasta muchos años después de su muerte, en el siglo VII. En esa centuria aparecieron las actas de su martirio, con lo que fue incluida en la colección de Simón Metafraste, hagiógrafo bizantino, y en los martirologios posteriores.
En resumen la historia de Santa Bárbara es como sigue:
Un poderoso ciudadano llamado Dióscoro tenía una hija cuyo nombre era Bárbara; y a partir de este punto nos encontramos con varias versiones. Según una de ellas, su padre la encerró en una torre para protegerla del acoso de los hombres debido a su extraordinaria belleza. Ella, en la soledad de su encierro, llegó a la conclusión de que los dioses a los que adoraba su padre debían ser falsos. Un día el padre dio por finalizado el encierro de la bella, que llevada por sus inquietudes sobre los dioses, entró en contacto con los cristianos del lugar, quienes le hablaron de Cristo y de la doctrina que vino a predicar. Esto satisfizo todas sus inquietudes, por lo que su conversión al cristianismo fue inmediata.
En otra variante de la historia, la virgen es encerrada por el padre no por su extrema belleza, sino para evitar su conversión. Pero, y esta es la parte misteriosa de la historia, aparece un monje haciéndose pasar por mercader que la instruye. Lo que queda sin explicar es cómo sabía el monje de las inquietudes de la joven y, más difícil todavía, cómo consiguió acceder a ella con la suficiente frecuencia como para convertirla a la nueva religión.
A partir de aquí las dos historias convergen en que es bautizada y ya la tenemos convertida en cristiana a espaldas de su padre.
Al volver su padre después de un largo viaje, la muchacha se declaró cristiana, y este la azotó y la llevó ante el prefecto que la mandó torturar y por último la condenó a muerte. El fanatismo del padre le llevó a solicitar ser él quien ejecutara a su hija, a lo que accedió el prefecto. Después de la ejecución y en castigo por sus actos, un rayo lo mató antes de que volviera a su casa.
El problema surge a la hora de poner un escenario a esta historia. El mencionado Metafraste la sitúa en Heliópolis (Egipto), otros en Nicomedia —donde se dice que estuvo su sepulcro original—, Roma, Antioquía... Tampoco es fácil fechar su vida ya que el único dato que puede extraerse del relato es el nombre del emperador bajo cuyo cetro sucedieron los hechos, que podría tratarse de Maximino I (235-238).
En cualquier caso esta historia, o mejor estas historias, explican el martirio de la Santa, pero no su patronazgo sobre todo lo que tiene que ver con los explosivos, porque relacionar el rayo que mató a Dióscoro, o mejor el trueno que lo acompañó, con el estampido de una explosión parece ser una explicación algo forzada. Sin embargo, si buscamos un poco más en los martirologios nos encontraremos que existe otra versión de los hechos, mucho menos conocida, que sitúa la historia en una ciudad llamada Hippone, en el norte de África. Ahora el padre se llama Alypius, hombre ilustrado y conocedor de determinadas artes pirotécnicas, como el preparar mezclas incendiarias. Su hija, Bárbara, siguió los pasos de su padre, ayudándolo en sus estudios, y juntos descubrieron una mezcla explosiva.
Bárbara ingresa en el convento de Santa Perpetua. Permanece allí hasta que en el año 430 la ciudad es atacada por los vándalos y su padre la reclama para poner sus conocimientos al servicio de la defensa de la plaza. Durante los combates muere Alypius, por lo que el secreto del nuevo explosivo solo es conocido ahora por su hija que, durante 14 meses, usa los conocimientos de pirotecnia recibidos de su padre para mantener a los atacantes a raya.
Pero al final los bárbaros consiguen penetrar en la ciudad, y Bárbara se reúne en el convento con las demás religiosas. Al llegar los atacantes al edificio, la Santa lo hace volar por los aires mediante cargas explosivas que había preparado con antelación, evitando así caer en sus manos tanto ella como sus compañeras.
Esta última versión es la que define con mayor fuerza la relación entre Santa Bárbara y los explosivos, y por extensión, con la Artillería.
En cuanto a sus restos hay varias teorías pero ninguna de ellas confirma su ubicación exacta.
Respecto de su imagen, se suele representar a una joven con la palma del martirio. También suele aparecer con su atributo, una torre con tres ventanas que puede estar a su lado o sobre una de sus manos, representando la fe cristiana.
Suele llevar corona y a veces cáliz, que significa su conversión al catolicismo.
Puede aparecer el rayo y en ocasiones un cañón junto a su figura.
La fe de los soldados artilleros no tiene una doble interpretación, creemos resueltamente en la protección de nuestra Santa y esta misma fe es la que nos hace jurar ante Dios rendir la vida cuando la Patria así lo exija. Y así se lo decimos en su himno (obra póstuma del compositor D. Antonio Oller y Fontanet datado en 1877):
Al morir el valiente artillero
defendiendo tenaz el cañón,
dale, ¡oh Virgen! sublime y piadosa, siempre
amparo, consuelo y perdón.


(Leopoldo Maucher Rocha
Oficial de Artillería (r))
Prensa El Heraldo | Imprimir | 788
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