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El Diario del Maule Sur
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Opinión 05-12-2019
Sexto Letras 1969, el retorno a los sueños
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Un viernes de noviembre de este año, un grupo de sobrevivientes físicos y espirituales del sexto letras de 1969, hemos vuelto al Liceo de Linares, desde donde egresamos hace medio siglo. Adrián Lara Sepúlveda ha gestionado el reencuentro y viajó desde Santiago en un tenso día de protestas y disturbios. Llegó a la hora exacta, mediodía, a las puertas del colegio, tal como arribé una mañana de marzo de 1966, en la triste calidad de proscrito, con turbios antecedentes de indisciplina y con augurios de un negro porvenir que describió mi profesor jefe del Liceo de San Javier don Gonzalo Bertín.
Aún no arriban los convocados, pero aguardo en el hall de entrada. Un chico de educación básica está en un rincón, absorto en un celular. No puedo evitar, con las nostalgias turbias y lacrimosas con que nos invade el tiempo pasado, que hace cincuenta años, los “egresados de sexto”, paseábamos por esos pasillos pensando en haber logrado algo importante. Hoy no estoy tan seguro.
Llegan los ex compañeros. A varios no los veía desde la fecha de la ceremonia de licenciatura: Dámaso Ruiz, José Carter, Marcelo Arellano, Ernesto Hachim, Hugo Núñez, Luis Ramírez, José Albornoz Vásquez, luego aparece Adrián Lara, risueño y enérgico como siempre.
La Directora Isabel Rodríguez nos recibe acogedoramente junto al profesor Jaime Gatica. Con Adrián recordamos la sala que ocupaba don Gerardo Aravena, el imponente Rector, cuya sola presencia obligaba a la disciplina. Me dicen que aún vive don Osmán Navarrete, Inspector General, hombre que no ocultaba sus dichos campesinos. Nuestro Profesor Jefe, Ramón Parada Prieto era hombre tranquilo, de voz profunda y acento sincero. En cada clase parecía estar exponiendo ante un estrado judicial, signo inequívoco que su verdadera vocación fue la de ser abogado. Doña Silvia Urra Vásquez, aún entre nosotros, era la Profesora de Castellano. Su consejo, ayuda y guía endilgaron mis desordenadas lecturas adolescentes. Gracias a todos esos maestros, cambié mi condición de alumno sin destino, por la de alguien con algún futuro.
Cada uno de los egresados trae una resma de papel para el Liceo que la Directora recibe en su sala de trabajo. No pudo asistir Víctor Rondón, mi amigo inseparable de esa época. Rafael Vigueras, quien ejerció la docencia, ha fallecido. Extraño a los hermanos Quezada Tillería, Lionel y Eugenio, de fortaleza física envidiable y en cuya casa dormí una noche, previo a un paseo a la montaña que hizo el curso con don Ramón Parada. A lo largo de los años no olvido ese hogar sencillo, grato y el rostro de la bella hermana, de lindos ojos almendrados que nos acompañó en la mesa. Nunca más los vi.
La Directora invita a la delegación a visitar el colegio. Discretamente subo hasta el pasillo donde estuvo nuestra sala. Me parece que no ha cambiado nada y en esa mañana sin alumnos, creo ver aparecer al Rector en el fondo del corredor, calmo, con la parsimonia de su severa autoridad.
Vuelvo a la Alameda donde he dejado mi vehículo. El chico sigue interesado en su celular, algunos alumnos salen o entran del colegio entre risas y bromas. Está muy lejano aquel noviembre de 1969, en que, formados, serios y nerviosos recibimos nuestra licencia secundaria junto a un apretón de manos de don Ramón Parada.
Han pasado 50 años… ¿Dónde se nos fue la vida?

JAIME GONZALEZ COLVILLE
Prensa El Heraldo | Imprimir | 1306
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