jueves 23 de noviembre del 2017
El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Opinión 10-11-2017
Todo me male sal
La primera vez que leí esta sentencia: “todo me male sal”, fue en una de las paredes del edificio del CFT San Agustín, y la verdad es que me provocó mucha risa, pues es el extremo del fatalismo, y que corrobora efectivamente y de forma práctica la mala suerte de quien la escribe… además este tipo de escritura se vincula con la llamada poesía en acción, que tiene como finalidad llevar a la calle en arte a través de pensamientos y frases ingeniosas y a veces humorísticas.
Todo esto a raíz de una conversación un tanto esotérica que versaba sobre las energías cósmicas y la atracción de la fatalidad, que al parecer es un tema que está en boga y del que es necesario enterarse so pena de que el hado se tercie contra nosotros. Sabemos que las energías fluyen a través de los seres vivos y que desde siempre se le ha atribuido a algunos elementos la propiedad de atraer la buena o la mala suerte, asociado antiguamente a la superstición, la que ahora llamamos energías positivas y negativas… en fin, amante como soy de la naturaleza y de la belleza que transmite a los ojos y de la paz que nos brinda al alma, me parece que condenar a una planta o a una flor y atribuirte la atracción de energías destructivas es una forma de crucificarla, la planta en cuestión se llama hortensia y es una de tantas que tiene el cartel de la mala suerte, el asunto es que esta valoración negativa o positiva influye en el ánimo de las personas, pues nuestra idiosincrasia tiene esa tendencia fatalista de atribuir a agentes externos las acciones que en rigor son consecuencia de nuestros actos –en ningún caso- son producto del destino, las energías o la suerte.
Entre los casos más simbólicos que recuerdo a este respecto está –esto en los años ochenta más o menos- un cuadro que se llamaba “el niño que llora”, el cual mostraba el triste e inocente rostro de un niño llorando, fue pintado por el artista italiano Bruno Amadio, un pintor que nació en Venecia en 1911 y luego fue conocido por su sobrenombre de Giovanni Bragolin. Su pintura fue muy popular y estaba en muchos hogares, porque era la moda colgar estas reproducciones… Cuando empezó a circular una serie de rumores sobre la carga negativa que tenía la pintura y una serie de desagracias que atraía, los creyentes y no creyentes comenzaron a deshacerse de la obra que había reinado decorativamente por casi una década en los hogares chilenos.
Otro caso ejemplar es de la cantante chilena Palmenia Pizarro, que era considerad en el medio artístico como “yeta” , es decir, que atrae o es portadora de mala suerte, lo cual en ese medio, tan proclive a la superstición resulta lapidario para cualquier artista. La fama de ser “yeta” surgió de una broma que hizo Don Francisco y que empezó a ser tomada en serio en el medio, además de una serie malas experiencias que tuvo en festivales de provincia. Todo esto hizo que se fuera de nuestro país, cansada de la antipatía que generaba y se radicara en México y a partir de allí internacionalizara su carrera, en todo caso en Chile ya se le han hecho las reparaciones y los reconocimientos de rigor y hasta fue invitada al Festival de Viña del Mar, para resarcir los efectos de la “broma”.
Al parecer, estamos volviendo a transitar por un periodo un tanto esotérico, donde las fuerzas energéticas han ido cobrando mucha importancia -más allá de la inteligencia racional- se está posicionando muy bien y a plenitud, la inteligencia emocional, con todos los bemoles que eso implica y con toda la gama de la nigromancia y ciencias de lo paranormal que conlleva: una búsqueda espiritual y cósmica que -a veces- demoniza a algunos elementos como negativos en virtud de otros y los priva de una convivencia sana con el resto de los seres energéticos del universo, porque todo parece estar cargado positiva y negativamente… metales, plantas, minerales, colores, orientación espacial y un gran etcétera, etcétera…

(Jaime Gatica,profesor)
Prensa El Heraldo | Imprimir | 185
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