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El Diario del Maule Sur
FUNDADO EL 29 DE AGOSTO DE 1937
Opinión 18-02-2021
“Un adiós al descontento”, de Eugenio Mímica Barassi “¡Adiós!, cruenta palabra que inventó la tristeza, eco de lo que acaba, grito de lo que empieza…” José Eustasio Rivera.
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Celebramos la reedición de esta obra fundamental en la narrativa magallánica contemporánea y cuya aparición original data del año 1991.
Con un acucioso y pedagógico prólogo de Lorena López Torres se enuncia la excelencia de la obra de Mímica, sus influencias, correlatos y antecedentes de la literatura de esa zona austral, tan pródiga en autores de relevancia nacional e internacional, y que han prefigurado una muy especial cosmovisión creativa.
Meridionía, entonces, puede ser un territorio de cualquier país, cualquier lugar donde la monotonía, la cerrazón geográfica y el sentimiento humano existan. Sin embargo, a poco andar, constatamos que la novela reproduce un universo literario específico, reconocible, y que destella con luces y sombras una realidad que nos sitúa en el sur de un mundo agobiado por sus contradicciones.
En esta obra señera lo predeterminado está vigente. Los hechos y vicisitudes personales ocurren casi por inercia. Todo su acontecer tiene el sello de la reiteración, porque nada pareciera cambiar en un espacio consolidado por hitos cansadores y absorbentes.
Pero, como también suele ocurrir, así se trate de un curioso idealismo, siempre existe algún personaje que desea romper ese letargo ancestral, sacudir esa modorra añeja y procurar que la existencia humana reasuma el dinamismo del que carece.
Emilio resurge luego como una suerte de quijote inofensivo, si cabe el término, en ese lugar que desea “revolucionar”, es decir, alterar el porfiado mundo de los hechos, modificar la conciencia personal y el grisáceo mundo citadino. Y junto a Emilio, también un exiguo grupo de mujeres y hombres que anhelan ver más allá del “estrecho” paisaje cerebral en que se hayan enclaustrados.
Decir “adiós al descontento”, emerger un día con la necesidad de ser otros y otras como una exigencia imperativa que la humanidad interior exige y reclama. Que la aburrida parodia de los días rutinarios se anule, se elimine, y que surja la fantástica ciudad soñada. Allí, en ese sitio mítico, podrán recuperar el sentido auténtico de una idiosincrasia extraviada, la consolidación del paraíso terrenal al que todo ser viviente aspira.
Meridionía puede ser, en consecuencia, el territorio austral de este lúgubre continente, pero puede ser también cualquier parte donde la vida, más que construirla, se estaciona, se momifica y pierde su norte.
Es cierto -como Eugenio Mímica plantea en esta novela- siempre habrá quien no esté dispuesto a dejarse subyugar por esa aplastante desidia ciudadana y aunque su eventual batalla sea una de esas paradójicas cusas perdidas de antemano, el sueño de lo imposible seguirá latente en aquellos que proyectan la sobrevivencia más allá de lo circunstancial y aparente.
Meridionía, en suma, es un enclave mental, una porfiada obstinación opuesta al cambio, pero que el corazón sacude a cada instante anunciando el reino deseable, el simbólico: la utopía.

Juan Mihovilovich H
Prensa El Heraldo | Imprimir | 320