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El Diario del Maule Sur
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Opinión 09-02-2018
William Onyeabor. El misterio de un músico genial
Para quienes crecimos en la era pre internet los mitos relativos a la música popular eran un dispositivo de fascinación. Aglutinaban fans en torno a un ícono gallardo y osado como muy pocos. ¿Había hecho Robert Johnson un pacto con el diablo?¿Era verdad que Rod Steward había obligado a más de 5000 mujeres practicarle un fellatio? (Qué onda la violencia, Rod), Ay señor que idiotas éramos. Hoy afortunadamente internet se ha ocupado de desbaratarlos poniendo las cosas en su lugar. Como sea, el juego de los abalorios de la música popular sigue aguardando secretos y la historia tras William Onyeabor (Nigeria, 1946) bien podría ser una de las más imbricadas y fascinantes de los últimos años.

El pasado 16 de enero se cumplió un año de la muerte de Onyeabor. Tenía setenta años, cuatro hijos, la admiración de respetadísimos artistas como David Byrne y Damon Albarn (Blur) y una biografía dedicada a la música que se detuvo en 1985. Ese año Onyeabor decidió convertirse al cristianismo y nunca más quiso hacer música, ni hablar de ella.

Aun después de muerto, poco se sabe a ciencia cierta del bueno de William. Hay mitos que señalan que fue Rey de la región nigeriana de Enugu, otros que fue abogado y contratista del gobierno de su país e incluso hay quien dice que Onyeabor nunca existió realmente. Si atendemos su entrada en Wikipedia, el músico habría nacido en el seno de una familia pobre y estudiado cine en Rusia -o en Francia- fundando a su regreso WILFILMS el sello a través del que autoeditó los ocho álbumes que completan su discografía. Sin embargo no fue hasta la publicación del compilado “Who is William Onyeabor?” (Luaka Bop, 2013) que en occidente se supo de su producción musical. La nota que acompaña el disco explica que el equipo del sello (propiedad de David Byrne) se pasó dieciocho meses intentado elaborar un perfil biográfico de William con escaso éxito: el hombre no quiso recordar esa parte de su vida ni que nadie le moleste. Sólo quiero hablar de jesús habrían sido las cinco palabras que dijo, trascendió. Todo un logro pues luego de su conversión al cristianismo el africano fue dado por muerto y nadie sabía con certeza sobre su existencia.

No resulta tarea fácil describir la música de W. En un país como Nigeria, en el que se hablan cientos de dialectos diferentes, la riqueza musical es inabarcable y la música de Onyeabor bebe de muchas fuentes para ofrecer un resultado intensamente rítmico y visionario. Sus canciones –varias de ellas pasan la barrera de los siete minutos- conforman un pastiche en el que caben sintetizadores analógicos, vientos, discursos antibélicos, guitarras funky y hasta sonidos de videojuegos. Música hecha fiesta que puso a África en el mapa de la vanguardia musical. Para googlear y bailar.



Por Felipe Saldaño, Director Festival FELINA y productor de Radio Mecánica
Prensa El Heraldo | Imprimir | 418
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