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Sunday 18 de January del 2026
Opinión 05-12-2025
ANECDOTAS PARA ESPERAR II
Rodrigo Biel
Abogado y docente
Siguiendo en espera del día 14 de diciembre y como señalé en la anterior columna para relajar los nervios y las tensiones, les hablaré de un libro muy antiguo, escrito por un abogado y parlamentario de apellido Tejeda, de la misma tienda política de uno de los contrincantes del día en espera, titulado “Humor y derecho”, tan viejo el libro, debió ser escrito antes del año 1966, manoseado por tantos lectores, que a esta altura ha perdido sus tapas.
El libro es un compendio de escritos que se habrían presentado en los tribunales de la república, más precisamente en la región del Bio-Bio, en defensa de distintas personas, generalmente de condición humilde, por lo que presumo, con privilegio de pobreza (que privilegio más exclusivo) .
Como terminé en la columna anterior “si non e vero e ben trovato”, es decir si no es verdad, es bien creíble.
Les narraré del “téngase presente” presentado por un campesino denunciado de violación, donde el imputado cuenta su versión de los hechos, pidiendo además su libertad, redactado obviamente por su abogado.
El denunciado dice llamarse Eloy, señalando como denunciante a doña Rosa Monsalve madre “de tres niñas casaderas” que vive en una casa ubicada en el potrero donde él trabajaba, diciendo “que cada tarde al ponerse el sol, dos de ellas le daban miradas y hacían gestos que cualquier mortal envidiaría”, por lo cual con ellas “trabé una inocente amistad….iniciada el año pasado por los días de la siembra de lentejas”; continúa diciendo que en una tarde que limpiaba un desagüe llegaron Rosa y Valentina llevando ambas una naranja en sus manos que extendieron hacia él, pero “ a condición que escogiera solo una”, acotando que desde ese día la naranja de Valentina “fue mía”.
El mencionado escrito en comento continúa y ahora, nuestro campesino, nos cuenta que ya cosechadas las lentejas, el 26 de febrero Valentina le pidió que se juntaran en la micro que va hacia el vivero del Duqueco, acotando que “nadie puesto en mi lugar se habría negado”; allí se “juraron amor eterno (….) nos besamos con pasión, porque ella puso también su parte y a decir verdad tomó la iniciativa….pero nuestra pasión se mantuvo por los caminos de la castidad”.
Eloy y Valentina hacían proyectos, soñando con tener “una yunta de bueyes para unir sus destinos”, cuando apareció la que pensaba “que algún día fuera su suegra”, quien “le increpó con dureza y palmoteó a su hija con dureza, llevándosela a la casa “no sin antes haberme llenado de improperios como si fuera mi suegra de verdad”.
Y concluye diciéndole que no tuvo contacto sexual con la menor, que “todo ocurrió entre nosotros como como en las églogas de siglos pretéritos”, rogándole al magistrado que tenga presente lo expuesto disponiendo su libertad.
El ingenio del defensor quedó palmariamente descrito en el libelo de “téngase presente” que asumió como propio Eloy.
Ahora les refiero el ingenio del mismo abogado, pero asumiendo como letrado del denunciante Floridor, quien refiere ser casado con Vicenta con quien eran muy felices, hasta que “quiso el destino que a 50 metros de nuestro nido de amor, se instalara a vivir mi suegra doña Venancia”, haciéndose realidad que: “Es bien sabido que felicidad de yerno y cercanía de suegra, son términos incompatibles”.
Denuncia que, a cualquier diferencia de criterio con su mujer, intervenía su suegra “desempeñando funciones arbitrales que nadie le solicitó y que terminaban con implacable fallo en mi contra”, lo que fue creciendo hasta los golpes, “entre ambas me han golpeado unas cuatro veces lo que “resultaba reñido con mi varonía y casi humillante para mi condición de estucador”, por lo que las notificó que “para la quinta se defendería como un león”. Para su desgracia, esa quinta vez, llegó el 2 de diciembre “no a la 5 de la tarde, la hora infausta de García Lorca, sino a las 20 horas en que los murciélagos pliegan sus patagones”.
Le pegaron, su mujer, suegra y varios cuñados de menor edad “mi suegra puso el grito en el cielo y sus 82 kilos sobre mi espalda”, antes señaló que él pesaba 49 kilos”. Termina pidiendo al magistrado que sanciones a su suegra y a su mujer.
Cuando me corresponde hacer clase a los alumnos de primer año de derecho, suelo pedirles que en una hoja escriban una carta dirigida a la persona que amen, sean padres, abuelos, mascotas o parejas (para estar a tono con los tiempos), lamentablemente cada vez, la carta es más breve. Hemos perdido a lo menos la capacidad de imaginar.
Freddy Mora | Imprimir | 189



