Friday 16 de October del 2026
El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 03-10-2026
‘Reflexiones desde la vereda de enfrente’
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Por: Andrea Fernanda Yáñez


"Nos enteramos por el grupo de WhatsApp que el vecino de al lado está enfermo, pero somos incapaces de cruzar la calle a llevarle una tacita de agua caliente."
¿Se han fijado en cómo cambió el paisaje de nuestros barrios? Antes, la rutina de las mañanas tenía otro ritmo y otro sabor. Estaba sagrado el momento de salir a barrer la vereda ,a veces sólo para estirar las piernas pero terminaba siendo la excusa perfecta para pararse a conversar un rato con el vecino de al lado o con quien pasara camino al almacén. Uno iba a comprar al negocio de barrio y no era un trámite frío: "¿Cómo está, vecina Aurora ? ¿Cómo le va, vecina Julieta?", se cruzaban las últimas copuchas sanas, se preguntaba por la familia y el tiempo se detenía por un instante para compartir de verdad.
Hoy la historia es otra muy distinta. Parece que la vereda de enfrente se hubiera convertido en territorio extranjero. Llegan vecinos nuevos a la esquina, al lado, más allá, y pasa el tiempo sin que tengamos la más mínima idea de quiénes son. ¿Y saben cuándo nos enteramos de su existencia o de lo que les pasa? Irónicamente, cuando salta la notificación en el WhatsApp grupal. Nos enteramos por la pantalla que alguien enfermó, que hubo un problema o que llegó una familia nueva, mientras en el mundo real somos completos extraños que compartimos cuadra.
La tecnología nos invadió por completo y nos metió en una burbuja de apuro constante. Andamos por la calle con la cabeza metida en el celular todo el día, de arriba para abajo, mirando hacia abajo. Nos hemos vuelto tan esclavos de los aparatitos que el problema ya ni siquiera es sólo con los vecinos; se nos está metiendo adentro de la casa, a la mesa.
¿Cuántas veces no pasa que un hijo se acerca con los ojitos brillantes a decir: "Mamá, te tengo que contar algo"? Y uno, con el dedo pegado en la pantalla respondiendo un mensaje o revisando vaya a saber qué cosa, le dice: "Espérate, espérate un ratito, hijo...". Y pasan los minutos, los minutos se hacen largos, y el momento se esfumó. El niño se va en silencio porque la pantalla ganó la pulseada y le robó el tiempo al cariño de verdad. Los papás no soltamos el celular, los hijos tampoco, y terminamos viviendo bajo el mismo techo pero más solos que nunca.
¿En qué minuto cambiamos el calor de una buena conversación por la luz fría de un teléfono? ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que un aparato nos robe los saludos, las miradas y la calidez de nuestra gente?
Porque mientras usted va caminando concentrado en su celular, el vecino de tantos años le ha levantado la mano, para saludarlo desde la vereda del frente. Pero por supuesto usted no lo ha notado...
Los leo a continuación queridos vecinos. Cuéntenme, ¿les pasa lo mismo en su pasaje? ¿O soy yo la única nostálgica que echa de menos cuando los vecinos éramos una verdadera familia? ¡Dejen su comentario y desahóguese!
Freddy Mora | Imprimir | 143