Sunday 11 de October del 2026
El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 01-10-2026
Alma verde, bala negra
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Jorge Alejandro Andrade
(Poeta Cañela)

Ha muerto otro carabinero,
defendiendo al civil,
cumpliendo con su deber,
mientras una bala negra
iba dirigida hacia él.

No existen balas bonitas,
no existen balas de colores;
todas llevan el mismo destino
cuando encuentran un cuerpo.

Pero las balas negras
han sacrificado a personas adultas,
a niños,
a padres y madres,
a hijos,
a personas que nada tenían que ver
con la violencia.

No son balas locas.

Son armas en malas manos,
manos de inescrupulosos
que creen tener más fuerza,
más poder,
más derecho sobre la vida de otros.

Y duele pensar
en la cantidad de armas
que circulan entre quienes
no tienen respeto por la vida.

Un alma verde,
un globo blanco,
un alba blanca,
una cinta amarilla o azul,
solo pueden mostrar
el dolor que deja
una bala negra.

Detrás de ella queda una familia:

un padre,
una madre,
una hermana,
un hermano,
un hijo,
una señora,
una novia,
un camarada,
tantos que quedan preguntándose
por qué tuvo que ser él.

Duele la verdad,
la verdad real,
esa que no necesita adornos.

Se soltarán miles de llantos,
subirán cientos de globos al cielo,
como queriendo acompañar
el alma de quien partió
cumpliendo con su deber.

Y mientras su familia llore,
quizás alguien entone una parte de su himno:

“Duerme tranquila, niña inocente...”

Pero hoy no duerme tranquila una familia.

Hoy ha partido un alma verde.

Partió un hombre,
un carabinero,
un hijo,
un padre,
un compañero,
un ser humano.

En su honor
será ascendido al grado máximo
de su escalafón.

Méritos tenía.

Pero hay un grado
que ninguna institución puede devolver:

el de padre.

Porque su hijo crecerá
y quizás tendrá fotografías,
historias contadas por otros,
un uniforme guardado,
una voz que algún día
solo podrá imaginar.

Pero no podrá recordar
la mano de su padre,
su abrazo,
su manera de llamarlo,
su presencia cotidiana.

Y eso también es una muerte.

El hechor era extranjero,
y también fue abatido
por un colega.

Dos vidas terminaron.

Y yo, que soy cristiano,
no me alegro de ninguna muerte.

Me duele la partida,
me duele una familia,
me duele un hijo que pierde a su padre.

Pero también me duele
quien estaba allí
para salvar a otros.

No es ser avaro,
no es ser descriteriado,
no es querer menos la vida.

Es amar a quien,
vestido de verde,
estuvo dispuesto a ponerse delante
cuando otro necesitaba ser protegido.

Una bala negra
terminó con un alma verde.

Y detrás de esa bala
quedó una familia entera
aprendiendo a vivir
con una ausencia
que nunca pidió.

Que Dios reciba su alma.

Y que quienes quedan
encuentren fuerzas
para continuar.

Porque el uniforme podrá quedar guardado,
pero el recuerdo de quien lo vistió
seguirá caminando
entre los suyos.
Freddy Mora | Imprimir | 198