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Friday 16 de October del 2026
Nacional 11-09-2026
Antes de que nadie lo note


Bianca Puntarelli. Académica de Terapia Ocupacional, Universidad Andrés Bello
Septiembre, mes de la prevención del suicidio, nos convoca a hablar de salud mental, pero también debería invitarnos a preguntarnos cómo estamos viviendo y relacionándonos. A veces, el malestar emocional se instala como una cortina oscura que lentamente le quita color a la vida. Seguimos trabajando, estudiando, respondiendo mensajes y cumpliendo obligaciones. Funcionamos en piloto automático, incluso bajo una falsa sonrisa, mientras algo comienza a quebrarse silenciosamente.
Antes de llegar a situaciones críticas existen señales cotidianas que muchas veces no vemos. Cambian las rutinas, aparece el aislamiento, abandonamos actividades que antes disfrutábamos o simplemente comenzamos a levantarnos para juntar las piezas de un día que pesa demasiado. No siempre el sufrimiento se manifiesta de manera evidente. A veces se esconde precisamente detrás de una aparente normalidad.
Nuestra forma de vivir tampoco ayuda. Nos hemos sumergido en un ecosistema digital que nos mantiene permanentemente expuestos a la vida de otros y a expectativas difíciles de alcanzar. Como advertía Montesquieu, queremos ser más felices que los demás porque imaginamos a los demás mucho más felices de lo que realmente son. Siglos después, las redes sociales parecen haber llevado esa comparación a una escala inédita.
Paradójicamente, podemos estar hiperconectados y profundamente solos. Sabemos qué hizo alguien durante sus vacaciones, qué comió o qué compró, pero quizás desconocemos cómo se siente la persona que tenemos al lado. La vitrina digital puede acercarnos, pero también reemplazar progresivamente espacios de convivencia donde somos capaces de mirar, escuchar y advertir que algo cambió.
Por eso, la prevención del suicidio no puede recaer exclusivamente en el consultorio ni comenzar cuando alguien alcanza una crisis. También ocurre en nuestras casas, universidades, trabajos y barrios. Desde la Terapia Ocupacional sabemos que las rutinas tienen un enorme valor: aquello que hacemos diariamente construye identidad, pertenencia y propósito. Cuando esas actividades desaparecen o pierden sentido, vale la pena prestar atención.
Recuperar una actividad significativa, volver a encontrarse con otros, caminar, participar de un espacio comunitario, acercarse a la naturaleza o retomar aquello que alguna vez produjo disfrute pueden parecer acciones pequeñas. No reemplazan la atención profesional cuando esta es necesaria, pero sí pueden formar parte de una red cotidiana de protección y acompañamiento.
Tal vez hemos individualizado demasiado el sufrimiento. Le pedimos a quien está mal que solicite ayuda, que hable, que encuentre fuerzas para salir adelante. Pero prevenir también significa preguntarnos qué hacemos quienes estamos alrededor. Si tenemos tiempo para escuchar sin juzgar, si reconocemos una ausencia, si advertimos cuando alguien dejó de hacer aquello que amaba.
Nuestra salud mental no es una mercancía ni puede medirse únicamente por nuestra capacidad de seguir produciendo. Necesita tiempo, escucha, empatía, creatividad y vínculos reales. A veces, prevenir comienza mucho antes de pronunciar la palabra suicidio: comienza cuando alguien nota que otro ya no está viviendo como antes y decide acercarse.
Freddy Mora | Imprimir | 1345
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