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Sunday 11 de October del 2026
Opinión 30-08-2026
Carlos Ibáñez del Campo, Un aspecto no estudiado de su vida personal


Se ha estudiado ampliamente la vida pública del Presidente Ibáñez, como soldado, político, parlamentario, gobernante, incluso como destacado Maestro de caballería militar.
Sin embargo, un aspecto central de su vida personal, que le acompañó inseparablemente y, en el cual, se enraízan ciertas características de su carácter, temperamento y psicología no se han considerado en tales exámenes, a pesar de que ellas perfilaron su figura de un modo singular, causando en el “gran mundo” político variadas sorpresas ante sus reacciones, llegando a marcar un estilo único en el ejercicio del mando.
Lo que la historia ha obviado es la condición de campesino que marcó desde su juventud la personalidad de don Carlos. Una curiosidad “chilena” que presentan todos o la mayor parte de los gobernantes soldados que nuestro país ha tenido desde Carrera y O”Higgins en adelante.
Don Carlos conservó hasta su fallecimiento en 1960, con fidelidad inalterable la propiedad de la tierra que heredó de sus padres: el fundo Santa Nieves, en Vara Gruesa, a pocos kilómetros al oriente de Linares, heredado de su madre doña Nieves del Campo; y aquél que llamaba “La Granja” o “San Francisco”, hacia el poniente de Linares, sobre el camino a Palmilla, heredado de su padre, don Francisco Ibáñez. Estas dos heredades le venían desde generaciones. Campos linarenses de tamaño mediano, típicamente maulinos.
Siempre don Carlos los trabajó y administró personalmente. Fueron sus hijos quienes debieron venderlos después de su muerte. Lo mismo que su casa paterna en Independencia N° 77.
Cualquiera fuesen las funciones públicas asumidas por don Carlos en Santiago y aún fuera del país - incluso durante su exilio en Argentina, posterior a 1931- siempre desempeñó en ellos sus labores agrícolas con dedicada vocación.
Testimonios de su apego por la tierra de sus padres existen varios.
En Noviembre de 1954, pleno segundo período presidencial, viajó a Linares privadamente para participar en una reunión de agricultores celebrada en la Cooperativa Vitivinicola de Linares (donde hoy se encuentra el establecimiento EASY), con el objeto de asistir personalmente al acto de constitución de la Cooperativa LUZAGRO junto a otros varios agricultores progresistas de la Provincia. Gracias a esta Cooperativa se inició la electrificación de la zona rural de Linares y sus comunas aledañas.
En el Registro de socios de esa cooperativa se lee: 1. Carlos Ibáñez del Campo, domiciliado en Vara Gruesa. No puso allí don Carlos que era Presidente de Chile, ni General de Ejército, ni su domicilio en La Moneda… ¡ No!... solo su nombre civil, su cédula, su firma y su domicilio en ¡Vara Gruesa!...
En otra oportunidad hizo un viaje desde Santiago en avión hasta Panimávida, donde existió un aeródromo calificado. Los ministros y funcionarios que lo acompañaba no podían creer al ver que dos huasos le esperaban con un caballo ensillado para él. Partió raudo junto a ellos a Santa Nieves, incorporándose más tarde a la reunión objeto del viaje. (Memoria publicada de su Ministro Carlos Montero).
Viven aún uno o dos empleados de campo de la confianza de don Carlos. Uno de ellos, don Juvenal Valdés, frisando al presente los 90 años, con su memoria e inteligencia viva.
Conversamos con él hace unos días. Nos recuerda:
“ Hacia los años 60’ yo tenía unos 22 años de edad. El mayordomo de Santa Nieves era don Joel Valdés, pero no era pariente mío ; el tractorista era don Lucho López y, la señora de éste, era quien atendía a don Carlos cuando llegaba al fundo. Llegaba hasta aquí calladamente, solo acompañado por su “conductor”, en un auto Ford de color negro del modelo que usaban los Carabineros, semanalmente y a lo más cada diez días, porque en ese tiempo él vivía en La Moneda. Aquí alojaba en su casa del fundo, sin que yo recuerde nada de guardias ni policías especiales, ni tampoco otras autoridades ”…
Bien temprano en la mañana salía a recorrer el campo de a caballo. En Santa Nieves teníamos una lechería mediana… y la cría de los terneros. Creo recordar que don Carlos montó a caballo hasta el último. Acompañado del Mayordomo y otros trabajadores, entre los cuales muchas veces iba yo también hacía las revisiones. Manuel Rojas era el vaquero o campañista. En San Francisco, el mayordomo era don Cornelio Morales.
Don Carlos era de pocas palabras, pero muy amable y respetuoso con todos nosotros. Era preguntón de detalles. Era buen jinete y las vueltas que dábamos eran largas… de unas tres horas o más… Varias veces, recuerdo, se hizo la vuelta larga desde Santa Nieves a la Granja a la entrada a Palmilla. Se cruzaba Linares sin que nadie se diera cuenta, porque nos íbamos al alba.
También pasaba mucho en el campo su hijo Ricardo que era el menor de los hijos. Le decían “Callica” y era muy aficionado al rodeo. Don Ricardito formó aquí un Criadero de caballos de rodeo llamado Santa Nieves, muy conocido. Don Carlos lo ayudó a formar ese criadero, con unas yeguas de muy buena procedencia. Venían con frecuencia sus hijas, la señora Margarita, y sus yernos don Gonzalo Concha y don Crescente Donoso, que tenían campos en San Javier y en Pelarco, a donde nos mandaban también con encargos especiales. Un tiempo después que murió el patrón, sus hijos vendieron el campo y yo me fui al Guindo, en San Javier, a trabajar con don Gonzalo Concha, marido de doña Margarita, por largos años.
⦁ ¿Cómo era el trato de don Carlos con ustedes?...
Don Carlos era muy sencillo en su trato y sus costumbres. Compartía con nosotros sin ninguna diferencia. Muy campesino. Ocupaba sí ciertos términos que a veces no entendíamos bien. Refiriéndose a ciertos vecinos que habían dado problemas, un día le dijo al Mayordomo que “era gente de mala índole”… demoramos mucho en entender que significaba esto de la índole.
Tenía voz ronca, por un problema de salud a la garganta. Nunca levantaba la voz y era muy cálido con nosotros. Nunca lo miramos como un General o un Presidente. Su trato con nosotros era familiar. Le gustaba la comida de campo que le preparaba la señora de López , el tractorista. El tenía un gallinero en su casa de Santiago, y le enviábamos el maíz y otras cosas de comida por tren.
La montura que ocupaba don Carlos aún la conserva un hijo mío, lo mismo que el mueble donde se guardaban. Es una montura que tiene el sello del Ejército y era la que había ocupado don Carlos en sus años de servicio. Me la dejó don Gonzalo o Ricardito después de entregar el campo.
Por ahí deben andar todavía algunos papeles de carta que cada vez le dejaba con instrucciones de trabajo al Mayordomo, escritos con su propia letra bien ordenada y clarita , con todo lo que había que hacer hasta su vuelta…. Yo nunca le oí ni una palabra de política, de eso no se hablaba ni interesaba…”
“No recuerdo bien quienes fueron del campo a su entierro en Santiago, pero fueron varios a despedir al patrón… y ese día alojamos en su casa de Santiago, que era como una pequeña quinta cerca de Ñuñoa, ahí tenía un gallinero que le gustaba atender a él mismo … La señora Margarita y don Ricardito se preocuparon mucho de nosotros y en la Catedral nos pusieron en las primeras filas… Fuimos “enmantados” como a él le gustaba”…
Tenía el patrón varios amigos de confianza en Linares. Cuando faltaba algo en su ausencia teníamos autorización para pedir el faltante y don Carlos después arreglaba las cuentas. En la ferretería “Rosencrán” de la Avenida Brasil o en “los Minoristas” de la calle Maipú y en una tienda del señor Ernesto Mardones, nos entregaban al tiro lo necesario con un vale del Mayordomo...
Recuerdo de un paseo a caballo que lo acompañamos de Vara Gruesa hacia Abránquil, al campo de la señora Leonor que era prima y que nos esperaba con un gran almuerzo en su casa … En los inviernos lluviosos llevábamos animales de la crianza a talajear a Abránquil, porque era pastoso y menos húmedo…en el campo de la señora Leonor nos tenían a nosotros como propios y de mucha confianza…
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Puede observarse en los recuerdos anteriores la sencilla sobriedad del Presidente Ibáñez, la fortaleza de su carácter, su amor por la tierra, la independencia política, la tenacidad y el don de mando justo, decisivo y eficaz, unido a aficiones y hábitos, herencia de su condición campesina. Estos rasgos imprimieron en don Carlos Ibáñez un sello inconfundible que explica su psicología, su temperamento, sus formas de ser y de pensar cotidiano mejor que cualquier otro examen. Algo que quizás en las alturas del poder causaban sorpresas, confusiones y en algunos incluso temores pero que, en la antigua sociedad del campo, eran proverbiales. Eran tiempos del Viejo Chile profundo, original y auténtico. Cuando el lujo de unos pocos y la miseria de muchos se consideraban moralmente indefendibles.
Sin embargo, un aspecto central de su vida personal, que le acompañó inseparablemente y, en el cual, se enraízan ciertas características de su carácter, temperamento y psicología no se han considerado en tales exámenes, a pesar de que ellas perfilaron su figura de un modo singular, causando en el “gran mundo” político variadas sorpresas ante sus reacciones, llegando a marcar un estilo único en el ejercicio del mando.
Lo que la historia ha obviado es la condición de campesino que marcó desde su juventud la personalidad de don Carlos. Una curiosidad “chilena” que presentan todos o la mayor parte de los gobernantes soldados que nuestro país ha tenido desde Carrera y O”Higgins en adelante.
Don Carlos conservó hasta su fallecimiento en 1960, con fidelidad inalterable la propiedad de la tierra que heredó de sus padres: el fundo Santa Nieves, en Vara Gruesa, a pocos kilómetros al oriente de Linares, heredado de su madre doña Nieves del Campo; y aquél que llamaba “La Granja” o “San Francisco”, hacia el poniente de Linares, sobre el camino a Palmilla, heredado de su padre, don Francisco Ibáñez. Estas dos heredades le venían desde generaciones. Campos linarenses de tamaño mediano, típicamente maulinos.
Siempre don Carlos los trabajó y administró personalmente. Fueron sus hijos quienes debieron venderlos después de su muerte. Lo mismo que su casa paterna en Independencia N° 77.
Cualquiera fuesen las funciones públicas asumidas por don Carlos en Santiago y aún fuera del país - incluso durante su exilio en Argentina, posterior a 1931- siempre desempeñó en ellos sus labores agrícolas con dedicada vocación.
Testimonios de su apego por la tierra de sus padres existen varios.
En Noviembre de 1954, pleno segundo período presidencial, viajó a Linares privadamente para participar en una reunión de agricultores celebrada en la Cooperativa Vitivinicola de Linares (donde hoy se encuentra el establecimiento EASY), con el objeto de asistir personalmente al acto de constitución de la Cooperativa LUZAGRO junto a otros varios agricultores progresistas de la Provincia. Gracias a esta Cooperativa se inició la electrificación de la zona rural de Linares y sus comunas aledañas.
En el Registro de socios de esa cooperativa se lee: 1. Carlos Ibáñez del Campo, domiciliado en Vara Gruesa. No puso allí don Carlos que era Presidente de Chile, ni General de Ejército, ni su domicilio en La Moneda… ¡ No!... solo su nombre civil, su cédula, su firma y su domicilio en ¡Vara Gruesa!...
En otra oportunidad hizo un viaje desde Santiago en avión hasta Panimávida, donde existió un aeródromo calificado. Los ministros y funcionarios que lo acompañaba no podían creer al ver que dos huasos le esperaban con un caballo ensillado para él. Partió raudo junto a ellos a Santa Nieves, incorporándose más tarde a la reunión objeto del viaje. (Memoria publicada de su Ministro Carlos Montero).
Viven aún uno o dos empleados de campo de la confianza de don Carlos. Uno de ellos, don Juvenal Valdés, frisando al presente los 90 años, con su memoria e inteligencia viva.
Conversamos con él hace unos días. Nos recuerda:
“ Hacia los años 60’ yo tenía unos 22 años de edad. El mayordomo de Santa Nieves era don Joel Valdés, pero no era pariente mío ; el tractorista era don Lucho López y, la señora de éste, era quien atendía a don Carlos cuando llegaba al fundo. Llegaba hasta aquí calladamente, solo acompañado por su “conductor”, en un auto Ford de color negro del modelo que usaban los Carabineros, semanalmente y a lo más cada diez días, porque en ese tiempo él vivía en La Moneda. Aquí alojaba en su casa del fundo, sin que yo recuerde nada de guardias ni policías especiales, ni tampoco otras autoridades ”…
Bien temprano en la mañana salía a recorrer el campo de a caballo. En Santa Nieves teníamos una lechería mediana… y la cría de los terneros. Creo recordar que don Carlos montó a caballo hasta el último. Acompañado del Mayordomo y otros trabajadores, entre los cuales muchas veces iba yo también hacía las revisiones. Manuel Rojas era el vaquero o campañista. En San Francisco, el mayordomo era don Cornelio Morales.
Don Carlos era de pocas palabras, pero muy amable y respetuoso con todos nosotros. Era preguntón de detalles. Era buen jinete y las vueltas que dábamos eran largas… de unas tres horas o más… Varias veces, recuerdo, se hizo la vuelta larga desde Santa Nieves a la Granja a la entrada a Palmilla. Se cruzaba Linares sin que nadie se diera cuenta, porque nos íbamos al alba.
También pasaba mucho en el campo su hijo Ricardo que era el menor de los hijos. Le decían “Callica” y era muy aficionado al rodeo. Don Ricardito formó aquí un Criadero de caballos de rodeo llamado Santa Nieves, muy conocido. Don Carlos lo ayudó a formar ese criadero, con unas yeguas de muy buena procedencia. Venían con frecuencia sus hijas, la señora Margarita, y sus yernos don Gonzalo Concha y don Crescente Donoso, que tenían campos en San Javier y en Pelarco, a donde nos mandaban también con encargos especiales. Un tiempo después que murió el patrón, sus hijos vendieron el campo y yo me fui al Guindo, en San Javier, a trabajar con don Gonzalo Concha, marido de doña Margarita, por largos años.
⦁ ¿Cómo era el trato de don Carlos con ustedes?...
Don Carlos era muy sencillo en su trato y sus costumbres. Compartía con nosotros sin ninguna diferencia. Muy campesino. Ocupaba sí ciertos términos que a veces no entendíamos bien. Refiriéndose a ciertos vecinos que habían dado problemas, un día le dijo al Mayordomo que “era gente de mala índole”… demoramos mucho en entender que significaba esto de la índole.
Tenía voz ronca, por un problema de salud a la garganta. Nunca levantaba la voz y era muy cálido con nosotros. Nunca lo miramos como un General o un Presidente. Su trato con nosotros era familiar. Le gustaba la comida de campo que le preparaba la señora de López , el tractorista. El tenía un gallinero en su casa de Santiago, y le enviábamos el maíz y otras cosas de comida por tren.
La montura que ocupaba don Carlos aún la conserva un hijo mío, lo mismo que el mueble donde se guardaban. Es una montura que tiene el sello del Ejército y era la que había ocupado don Carlos en sus años de servicio. Me la dejó don Gonzalo o Ricardito después de entregar el campo.
Por ahí deben andar todavía algunos papeles de carta que cada vez le dejaba con instrucciones de trabajo al Mayordomo, escritos con su propia letra bien ordenada y clarita , con todo lo que había que hacer hasta su vuelta…. Yo nunca le oí ni una palabra de política, de eso no se hablaba ni interesaba…”
“No recuerdo bien quienes fueron del campo a su entierro en Santiago, pero fueron varios a despedir al patrón… y ese día alojamos en su casa de Santiago, que era como una pequeña quinta cerca de Ñuñoa, ahí tenía un gallinero que le gustaba atender a él mismo … La señora Margarita y don Ricardito se preocuparon mucho de nosotros y en la Catedral nos pusieron en las primeras filas… Fuimos “enmantados” como a él le gustaba”…
Tenía el patrón varios amigos de confianza en Linares. Cuando faltaba algo en su ausencia teníamos autorización para pedir el faltante y don Carlos después arreglaba las cuentas. En la ferretería “Rosencrán” de la Avenida Brasil o en “los Minoristas” de la calle Maipú y en una tienda del señor Ernesto Mardones, nos entregaban al tiro lo necesario con un vale del Mayordomo...
Recuerdo de un paseo a caballo que lo acompañamos de Vara Gruesa hacia Abránquil, al campo de la señora Leonor que era prima y que nos esperaba con un gran almuerzo en su casa … En los inviernos lluviosos llevábamos animales de la crianza a talajear a Abránquil, porque era pastoso y menos húmedo…en el campo de la señora Leonor nos tenían a nosotros como propios y de mucha confianza…
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Puede observarse en los recuerdos anteriores la sencilla sobriedad del Presidente Ibáñez, la fortaleza de su carácter, su amor por la tierra, la independencia política, la tenacidad y el don de mando justo, decisivo y eficaz, unido a aficiones y hábitos, herencia de su condición campesina. Estos rasgos imprimieron en don Carlos Ibáñez un sello inconfundible que explica su psicología, su temperamento, sus formas de ser y de pensar cotidiano mejor que cualquier otro examen. Algo que quizás en las alturas del poder causaban sorpresas, confusiones y en algunos incluso temores pero que, en la antigua sociedad del campo, eran proverbiales. Eran tiempos del Viejo Chile profundo, original y auténtico. Cuando el lujo de unos pocos y la miseria de muchos se consideraban moralmente indefendibles.
Freddy Mora | Imprimir | 415



