Hoy
Saturday 07 de February del 2026
Opinión 01-02-2026
Carta al Director
Señor Director:
No hay inocencia en la programación teatral. Programar es un ejercicio político: es decidir qué historias entran en escena (y cuáles quedan fuera), qué lenguajes se legitiman y qué temas se vuelven conversación pública. Una cartelera también educa la sensibilidad de una comunidad y ordena, sin decirlo, lo que consideramos relevante.
En el teatro se establece, además, un pacto tácito entre creadores y públicos: el público entrega tiempo, atención y disposición emocional —a veces también dinero y traslados— y a cambio espera algo más que “pasar el rato”. Espera sentido, una forma de verdad; espera no ser subestimado ni tratado como consumidor.
El jueves 29 se presentó en el Teatro Municipal de Linares La soledad y el caminante, obra del talquino José Antonio Fuentes, y la sensación fue precisamente esa: un montaje emotivo y situado, anclado en nuestro territorio, que trabaja con la memoria, el olvido y los efectos del “progreso” en comunidades rurales sin caricaturas ni folclor. No usa lo local como adorno: lo habita.
Que un teatro municipal programe obras así es un gesto concreto de preocupación por estrenos de calidad y por temas importantes. Ojalá no sea una golondrina de verano, sino continuidad y sello.
Por último, un dato que vale mirar con calma: la asistencia. Una presencia significativa de vecinas y vecinos desarma la idea de que el teatro serio y regional no convoca. Convoca cuando se programa con continuidad, se comunica bien y se respeta al público como capaz de emocionarse, pensar y reír. En una ciudad como Linares, esto no es un detalle: es una discusión cultural de fondo. Que se repita.
Felipe Saldaño Valladares
No hay inocencia en la programación teatral. Programar es un ejercicio político: es decidir qué historias entran en escena (y cuáles quedan fuera), qué lenguajes se legitiman y qué temas se vuelven conversación pública. Una cartelera también educa la sensibilidad de una comunidad y ordena, sin decirlo, lo que consideramos relevante.
En el teatro se establece, además, un pacto tácito entre creadores y públicos: el público entrega tiempo, atención y disposición emocional —a veces también dinero y traslados— y a cambio espera algo más que “pasar el rato”. Espera sentido, una forma de verdad; espera no ser subestimado ni tratado como consumidor.
El jueves 29 se presentó en el Teatro Municipal de Linares La soledad y el caminante, obra del talquino José Antonio Fuentes, y la sensación fue precisamente esa: un montaje emotivo y situado, anclado en nuestro territorio, que trabaja con la memoria, el olvido y los efectos del “progreso” en comunidades rurales sin caricaturas ni folclor. No usa lo local como adorno: lo habita.
Que un teatro municipal programe obras así es un gesto concreto de preocupación por estrenos de calidad y por temas importantes. Ojalá no sea una golondrina de verano, sino continuidad y sello.
Por último, un dato que vale mirar con calma: la asistencia. Una presencia significativa de vecinas y vecinos desarma la idea de que el teatro serio y regional no convoca. Convoca cuando se programa con continuidad, se comunica bien y se respeta al público como capaz de emocionarse, pensar y reír. En una ciudad como Linares, esto no es un detalle: es una discusión cultural de fondo. Que se repita.
Felipe Saldaño Valladares
Freddy Mora | Imprimir | 180




