lunes 30 de enero del 2023
El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 24-01-2023
DESPEDIDA A HERNAN SUAZO SAN MARTIN EN LONGAVÍ (QEPD)
Juan Mihovilovich


“La alegría no está en las cosas, sino en nosotros”
-Richard Wagner-

Los lazos familiares no se dan solo por la sangre. Se obtienen, sobre todo, por el cariño fraternal. Aprendí a conocerte el año 69, cuando tu hermano Sebastián y mi prima hermana Elena Hernández me acogieron en su casa del viejo fundo El Aysén, para que yo pudiera terminar mis estudios medios en el Politécnico de Linares. Allí se reunían ustedes y las bromas eran parte de lo cotidiano. Allí, y hasta ahora, en que, por esas misteriosas vueltas de la vida, he regresado a vivir en Longaví hace siete meses, junto a mi esposa e hijastra; reencontrarlos ha sido un bálsamo anímico y espiritual luego de cinco décadas.

Tu presencia de antes y la de hoy siempre estuvo con nosotros. Y seguramente tu pícara sonrisa nos hará un guiño de complicidad, donde quieras que hoy te encuentres.
Nos contarás de nuevo al oído cómo engañaste a esos expertos siquiatras haciéndote pasar por loco, porque ya estabas cansado de ser profesor por tantos años y querías retirarte anticipadamente de la docencia. Y lo conseguiste. No porque renegaras de tus alumnos. Al contrario, de ellos aprendiste que a enseñar se aprende siendo como ellos: un niño por dentro y por fuera.

O bien, nos dirás en un susurro cómo sacaste de la nada esa ampolleta que generaba luz propia, y te divertías con esos profesionales en la playa de Pelluhue, haciéndoles creer que la luz que irradiaba emanaba de tu propio cuerpo al alzarla con una de tus manos. Y esos hombres, supuestamente inteligentes, te creyeron. ¿Y sabes por qué te creyeron? Porque era verdad querido Hernán: esa luz verdaderamente brotaba de tu interior y era una señal de amor hacia los demás.

No se quiere a las personas únicamente con palabras, se las quiere, especialmente, por sus gestos. Tus gestos eran un anticipo de la alegría bondadosa, de decirnos que la vida vale la pena si logras sacarle una sonrisa a un ser humano. Eso nunca te costó demasiado. Tu propia expresión se apoderaba de quienes te rodeaban y la carcajada general era una respuesta a esa necesidad de querer y de necesitar ser querido.

La vida humana requiere de seres como tú, de personas que nacen con el don de hacernos ver que la existencia es un camino solamente, un camino hacia un destino que viene con nosotros desde nuestros nacimientos. Tu aprendiste a caminar viendo que el mundo, si era triste, podías embellecerlo con una de esas mentiras piadosas que siempre resultaron ser ciertas a través de tu sonrisa.

Es que fuiste un huaso ladino, un ser de carne y hueso que llevaba dentro la señal de los elegidos. No del elegido grandilocuente y falso que se sube a los estrados a burlarse secretamente de los demás. Nada de eso.
Esa pillería ingenua y natural que brotaba de tu corazón era un aviso de amistad eterna, el anuncio de que por encima de la angustia en que nos movemos cada día, la alegría suele ser más poderosa y duradera, quizás porque está emparentada con la belleza de existir.

Tu hiciste que te quisiéramos por sobre nuestras propias debilidades personales. Cuando se quiere a alguien basta sentir que su humanidad es más poderosa y sensible que la nuestra. Entonces aprendemos de esa humanidad y nos hace ser mejores, más humildes, más buenos.

Nos quedamos con “tu andar de pata de cabra” dejando una huella visible en nuestros corazones. No te decimos que descanses en paz. No te vas al patio de los callados. No es tu punto de llegada. Es tu punto de partida.
Haz reír allá arriba a los ángeles y diles que el demonio era un enemigo iluso que nunca pudo contigo. Y ellos serán felices como nos hiciste felices con tu paso imborrable entre nosotros.
Hasta pronto, entrañable primo Hernán Suazo San Martín.

Longaví, 22 de enero de 2023.
Freddy Mora | Imprimir | 537