viernes 18 de junio del 2021
El Diario del Maule Sur
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Opinión 08-06-2021
El bien que cuida la profesión docente y el contexto de crisis sanitaria.


La profesión es desde el punto de vista social y ético más que un medio de sustento personal. Constituye una actividad humana, cuya meta interna consiste en proporcionar a la sociedad, un bien específico e indispensable para su supervivencia como sociedad humana. En ese sentido, podríamos preguntar ¿cuál es ese bien específico que cuida la profesión docente? y ¿cuál es el reconocimiento social a ese bien que cuida el profesorado?
La docencia, al igual que todas o la gran mayoría de las profesiones, se configura por la delimitación de un ámbito propio de actuación; y la necesidad de una preparación específica para su ejercicio expresado en habilidades, estándares de desempeño o competencias según sea el enfoque adoptado en su diseño, implementación y evaluación.
En lo específico, podemos reconocer dos dimensiones fundamentales. Desde una parte, la dimensión cognitiva que asegura en el profesor el conjunto de conocimientos y las destrezas requeridas para el ejercicio de su labor; y desde otra, la dimensión deontológica, asociada a la responsabilidad que implica el trabajo con personas, ya que la acción desarrollada incide profundamente en la vida de otros seres humanos: niños, niñas y jóvenes.
La evidencia muestra en general una preocupación decidida y prescriptiva en la primera de las dimensiones y menos resuelta en relación a la segunda, lo que implica que cuando el profesor se enfrenta al ejercicio de la docencia lo hace más desde un ethos burocrático que desde un ethos profesional, lo que finamente incide en cómo termina siendo percibido su trabajo desde el punto de vista social y el nivel de respuesta al bien específico que está llamado a cuidar.
Los escenarios actuales derivados de la crisis social y sanitaria implican aprender a movernos en coordenadas cambiantes y cambiadas. Los sistemas educativos de la mayoría de los países han sido desafiados a realizar una educación de emergencia sin presencialidad, imponiendo nuevos dilemas y oportunidades. La escuela se ha convertido entonces en una institución sobredemandada y con ello, el trabajo del profesorado se torna más desafiante, y, por tanto, vulnerable, a las condiciones de desigualdad estructural en que se desarrolla.
En consecuencia, nos encontramos en un momento social en que se diluye ese bien específico que está llamada a cuidar la profesión, condicionado además por el influjo que generan las políticas educacionales que siguen promoviendo reformas basadas en la rendición de cuentas e incentivos. Así el trabajo del profesorado se vincula a una gobernanza escolar sustentada en estrategias de mercado y competencia, sustentada en pruebas nacionales apoyados en motivaciones extrínsecas, desarrollándose un trabajo escolar orientado a la cobertura curricular. Esta opción tiene finalmente efectos en las respuestas dadas a las preguntas iniciales.
Ahora bien, si volvemos a la pregunta por el bien específico que cuida la profesión docente, hemos de coincidir que este se relaciona con el compromiso profundo con el otro a través de la educación, y en consecuencia con el imperativo ético del cuidado del otro (representado por la figura del niño/niña/joven, junto a sus familias y comunidades). Educación que implica una formación integral, con la finalidad de alcanzar el desarrollo espiritual, ético, moral, afectivo, intelectual, artístico y físico, mediante la transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas. Una educación que se enmarca en el respeto y valoración de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, de la diversidad multicultural y de la paz, y de nuestra identidad nacional, capacitando a las personas para conducir su vida en forma plena, para convivir y participar en forma responsable, tolerante, solidaria. Esa finalidad implica necesariamente una educación comprometida con la formación de sujetos críticos y transformadores de la realidad.
Sin embargo, a la luz de lo que se plantea desde los diversos ámbitos sociales y particularmente de las autoridades educacionales, pareciera no existir claridad en torno a ese bien que está llamado a cuidar la profesión, y lo digo pues para hacerlo efectivo se requiere de condiciones y de reconocimientos reales que no terminen en intentos fallidos. Como correlato: ¿el sistema educativo promueve deliberadamente ese bien asociado a la profesión docente?, ¿se propician las condiciones reales para una formación centrada en el cuidado del otro, en la otredad, expresada por los estudiantes, sus familias y sus profesores?, ¿qué tipo de persona y ciudadano termina promoviendo nuestro sistema educativo?, ¿es reconocido y valorado el bien especifico que está llamado a cuidar la profesión docente?, ¿posee el profesorado un efectivo reconocimiento social y laboral para llevar a cabo su tarea?, son preguntas que ponen de manifiesto la paradoja entre un ethos burocrático y uno verdaderamente profesional.
En definitiva, cuando distintos estudios entre ellos el de la Fundación Liderazgo Chile, la UDD y la UNAB manifiesta que sobre el 80% del profesorado chileno vive la profesión con un alto desgaste emocional derivado del trabajo en pandemia, sumado a las permanentes descalificaciones a su trabajo, el bien que está llamado a cuidar el ejercicio de la profesión docente termina en un intento fallido.


Dr. Gerardo Sánchez S.
Director del Departamento de Formación Inicial Escolar
Académico e investigador de la UCM
Freddy Mora | Imprimir | 341
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