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Hoy
Opinión 29-05-2026
El fin de la autenticación tradicional en el sector financiero
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Alberto Juárez, VP Digital ID & Trust en Sovos

La nueva normativa de la CMF sobre transferencias electrónicas redefine los estándares de seguridad digital en el sector financiero chileno. No se trata solo de una actualización regulatoria, sino del cierre definitivo de un modelo que, aunque funcional en su momento, hoy resulta insuficiente frente a las amenazas actuales.
Durante años, herramientas como la tarjeta de coordenadas cumplieron el propósito de custodiar las transacciones y entregar una sensación de control. Pero ese modelo tenía una limitación estructural: dependía de elementos que podían perderse, compartirse o ser vulnerados. En un entorno donde el fraude evoluciona al ritmo de la tecnología, eso dejó de ser suficiente.
Lo que plantea la Norma de Carácter General N° 538 (NCG 538) de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) es un cambio más profundo, donde la autenticación se convierte en un proceso dinámico y basado en riesgo. Ya no basta con validar quién eres una vez; ahora es necesario evaluar permanentemente el nivel de confianza en cada interacción.
Este cambio tiene una implicancia clave, pues obliga a repensar los fundamentos mismos de la autenticación. Movernos desde algo que el usuario sabe o tiene —como una clave o una tarjeta de coordenadas, que puede ser robada o filtrada— hacia algo que es, como la biometría, es una evolución necesaria para elevar los niveles de seguridad y reducir la suplantación de identidad. Y, más aún, la combinación de estos factores es hoy el camino más confiable y robusto.
Sin embargo, esta transición no ocurre de forma automática. Existen brechas que las organizaciones deben abordar con urgencia.
Por un lado, la tecnológica: modernizar sistemas y alinearlos con modelos más seguros, lo que muchas veces se percibe erróneamente como un costo, cuando en realidad es una inversión en resiliencia. Por otro, la brecha de conocimiento, tanto interna como hacia los usuarios, que deben ser acompañados en este cambio para evitar fricciones y generar confianza.
Ahí está, probablemente, uno de los mayores desafíos: la seguridad ya no puede diseñarse de espaldas a la experiencia del usuario.
Cualquier fricción innecesaria puede terminar afectando la adopción de estos mecanismos, incluso si son más seguros. Equilibrar la protección y experiencia del usuario hoy pasa a ser obligatorio.
En este contexto, la norma 538 no solo eleva el estándar regulatorio; también redefine la forma en que se construye la confianza en entornos digitales y empuja a las organizaciones a avanzar hacia un modelo de identidad digital más maduro, donde la confianza se valide en cada interacción, a través de procesos confiables y mecanismos tecnológicos cada vez más robustos.
Cumplir con la norma es solo el inicio. El verdadero desafío es construir confianza digital en un entorno donde las amenazas evolucionan constantemente y donde cada transacción es, también, una oportunidad para reforzar o perder esa confianza.
Freddy Mora | Imprimir | 532