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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 23-01-2026
El viejo nogal y sus secretos
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Jorge Andrade Méndez (Cañela)

Solo y erguido, con tus grandes brazos hacia el cielo,
das buena sombra donde descansaba la vieja carreta.
Secretos guardas: de tus alturas llegaban las gallinas a dormir.
Niños corrían para subir y recibir, en mano, el primer huevo
que caía, aún caliente y blando, hasta el suelo,
protegido bajo tu follaje.

Llegaba el estío; no importaba la temperatura: llegaban los niños.
Subirse era limpiarse las mugres de las aves. Todo era un juego,
y tú te mantenías en tu tranquilidad.
¿Qué importaba que dos o tres niños descansaran sobre ti?
Nunca dejaste caer a uno: tus brazos los sostenían.

Tú crecías ante esos niños; ellos también crecían.
Ya no eran juegos de abrazarte ni hablarte como a un amigo.
Adolescentes miraban desde tus alturas quién pasaba:
hacia la escuela, el vecino o el potrero del norte.

En la primera bifurcación de tus ramas nacían secretos adolescentes:
un corazón, dos, tres, hasta cuatro; nombres y flechas,
amores silenciosos que solo tú sabías,
guardados en tu tronco.

Ya no se permitían gallinas en tus alturas: eras dueño de esos secretos,
y tus guardianes no dejaban que las aves los ensuciaran.
Fuiste trinchera en la guerra de batallas de agua,
cómplice y aliado perfecto.

Eras el fortín de niños y adolescentes.
Hubo días en que los adultos, ya reposando sus cansancios
en la vieja carreta, confiaban en tu sombra…
Hasta que, en silencio aliado, te convertías en trinchera
para el ataque sorpresa con baldes de agua.
El campo de batalla era del parrón hacia afuera:
pobre del niño o adulto que cruzara esa frontera con agua.

Quien vivió esos secretos y revive esos juegos
es porque aún vives en su corazón.

Pasó el tiempo: se enfermó el Don, nadie se subía ya,
solo nostalgia.
Te fuiste marchitando; tus hojas y frutos
solo eran nidos de cuncunillas.
Partió el Don, y tus hojas ya no brillaban.
Te enfermaste y solo fuiste sombra y obstáculo,
mientras otoño e invierno se acercaban.

Estabas al pie de la construcción planeada,
pero tus raíces se hacían lazos.
Llegó junio y el progreso: tu enfermedad fue cruel.
Dos destinos te esperaban:
sacrificio amoroso o muerte invernal.

Amigo nogal, te fuiste.
Me emocioné al verte en el suelo,
como un soldado caído.
Te llevaste los mejores secretos de adolescentes
y la mejor trinchera para tiempos de juego.

Aún te veo con mis ojos,
llevo tu imagen en mi mente,
pues fuiste parte de mi crecer.



Freddy Mora | Imprimir | 254