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Opinión 08-04-2026
Justicia ocupacional: construyamos un Chile accesible para todos

Señor director:
El reciente ataque contra una niña con síndrome de Down en Talcahuano no es un hecho aislado, sino que es el reflejo de una sociedad que aún reacciona con violencia frente a la diferencia.
Desde la Terapia Ocupacional trabajamos precisamente en lo contrario, es decir, en garantizar que todas las personas, independiente de sus condiciones físicas, cognitivas o sociales, puedan participar activamente en la vida cotidiana y desarrollar proyectos con sentido. Sin embargo, hay una barrera que ningún tratamiento puede resolver por sí solo: el entorno social.
En Chile, la disciplina ha avanzado más allá del ámbito clínico, llegando a comunidades, espacios laborales y contextos de alta vulnerabilidad. Sin embargo, estos esfuerzos chocan cuando persisten prejuicios, exclusión y falta de empatía.
La inclusión no puede seguir siendo un concepto técnico ni una declaración de buenas intenciones. Es una práctica diaria que exige responsabilidad colectiva. Cuando una persona es agredida por ser diferente, el problema no está en ella, sino en la sociedad que la rodea.
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿estamos realmente dispuestos a convivir con la diversidad o solo la toleramos en el discurso?
Carolina León
Jefa de Carrera de Terapia Ocupacional
Universidad Santo Tomás, sede Santiago
El reciente ataque contra una niña con síndrome de Down en Talcahuano no es un hecho aislado, sino que es el reflejo de una sociedad que aún reacciona con violencia frente a la diferencia.
Desde la Terapia Ocupacional trabajamos precisamente en lo contrario, es decir, en garantizar que todas las personas, independiente de sus condiciones físicas, cognitivas o sociales, puedan participar activamente en la vida cotidiana y desarrollar proyectos con sentido. Sin embargo, hay una barrera que ningún tratamiento puede resolver por sí solo: el entorno social.
En Chile, la disciplina ha avanzado más allá del ámbito clínico, llegando a comunidades, espacios laborales y contextos de alta vulnerabilidad. Sin embargo, estos esfuerzos chocan cuando persisten prejuicios, exclusión y falta de empatía.
La inclusión no puede seguir siendo un concepto técnico ni una declaración de buenas intenciones. Es una práctica diaria que exige responsabilidad colectiva. Cuando una persona es agredida por ser diferente, el problema no está en ella, sino en la sociedad que la rodea.
La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿estamos realmente dispuestos a convivir con la diversidad o solo la toleramos en el discurso?
Carolina León
Jefa de Carrera de Terapia Ocupacional
Universidad Santo Tomás, sede Santiago
Freddy Mora | Imprimir | 320
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