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Opinión 11-08-2024
La energía eléctrica: ¿un derecho o un favor?

Alejandra Astete Belmar
Hablando con diferentes expertos en temas de energía, buscando una respuesta a la tragedia humana vivida estos días asociados a los problemas de mal tiempo, concluimos que los cortes de energía eléctrica se han vuelto cada vez más frecuentes y prolongados, afectando a familias, empresas y comunidades sin importar su tamaño o ubicación geográfica y no se le ha dado la importancia requerida por las autoridades.
La interrupción del suministro eléctrico no solo altera la rutina diaria, sino que también pone en riesgo la seguridad y el bienestar de muchas personas, especialmente aquellas que dependen de la electricidad para su salud, emprendimientos, transporte y subsistencia. En un país donde millones de pymes ya están endeudadas debido a la pandemia, la falta de suministro de energía es un castigo adicional que compromete su gestión y supervivencia.
La necesidad de hacer nuestros hogares y entornos más resilientes ante estas interrupciones es cada vez más evidente. Desde la instalación de paneles solares, tanto los conectado a la red como los no conectados con bancos de baterías, hasta el uso de generadores automáticos o manuales, existen diversas opciones técnicas para enfrentar estos desafíos y lograr una independencia parcial en el suministro de energía. Sin embargo, estas soluciones requieren una inversión inicial considerable: la compra de equipos, la contratación de instaladores certificados y el cumplimiento con las normativas vigentes. Además, que la “permisologia” asociada a intervenciones en edificaciones, redes y otros aspectos sea ágil. Los subsidios y ayudas disponibles por parte del gobierno son escasos, marginales o insuficientes, cubriendo solo una pequeña parte de la instalación requerida y beneficiando a una mínima porción de la población. Mientras tanto, los cortes de energía afectan a comunidades enteras.
Es importante recordar que el acceso al agua potable y a la energía eléctrica debería estar garantizado por el Estado. ¿Será necesario reformar algunos servicios públicos para que desempeñen un rol más preventivo, asegurando que su acción se centre en garantizar el cumplimiento de la normativa por parte de las empresas reguladas? Esto no es más que asegurar que los servicios no se vean interrumpidos y que los clientes no resulten perjudicados. Hoy, el sistema colapsó ante una emergencia que, si bien no se podía prever en su magnitud exacta, era sabido que vendrían fuertes vientos. Y que mañana tendremos otra contingencia y la situación se repetirá nuevamente.
Actualmente, muchos adultos mayores que viven de pensiones mínimas enfrentan una doble carga: pagar altas contribuciones por hogares que han mantenido toda su vida y, además, tener que invertir en sistemas alternativos de generación de energía para poder vivir en sus casas. Para aquellos que son electrodependientes, esta situación no es solo una molestia, sino una cuestión de vida o muerte.
Entonces, ¿qué está haciendo el gobierno? En un país como Chile, propenso a terremotos y desastres climáticos, debería ser prioritario otorgar subsidios a todos los hogares para que puedan ser más resilientes ante los cortes de suministro. Además, se podrían explorar alternativas que permitan que las inversiones en sistemas de generación de energía se compensen con una disminución de algunos impuestos territoriales.
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Hablando con diferentes expertos en temas de energía, buscando una respuesta a la tragedia humana vivida estos días asociados a los problemas de mal tiempo, concluimos que los cortes de energía eléctrica se han vuelto cada vez más frecuentes y prolongados, afectando a familias, empresas y comunidades sin importar su tamaño o ubicación geográfica y no se le ha dado la importancia requerida por las autoridades.
La interrupción del suministro eléctrico no solo altera la rutina diaria, sino que también pone en riesgo la seguridad y el bienestar de muchas personas, especialmente aquellas que dependen de la electricidad para su salud, emprendimientos, transporte y subsistencia. En un país donde millones de pymes ya están endeudadas debido a la pandemia, la falta de suministro de energía es un castigo adicional que compromete su gestión y supervivencia.
La necesidad de hacer nuestros hogares y entornos más resilientes ante estas interrupciones es cada vez más evidente. Desde la instalación de paneles solares, tanto los conectado a la red como los no conectados con bancos de baterías, hasta el uso de generadores automáticos o manuales, existen diversas opciones técnicas para enfrentar estos desafíos y lograr una independencia parcial en el suministro de energía. Sin embargo, estas soluciones requieren una inversión inicial considerable: la compra de equipos, la contratación de instaladores certificados y el cumplimiento con las normativas vigentes. Además, que la “permisologia” asociada a intervenciones en edificaciones, redes y otros aspectos sea ágil. Los subsidios y ayudas disponibles por parte del gobierno son escasos, marginales o insuficientes, cubriendo solo una pequeña parte de la instalación requerida y beneficiando a una mínima porción de la población. Mientras tanto, los cortes de energía afectan a comunidades enteras.
Es importante recordar que el acceso al agua potable y a la energía eléctrica debería estar garantizado por el Estado. ¿Será necesario reformar algunos servicios públicos para que desempeñen un rol más preventivo, asegurando que su acción se centre en garantizar el cumplimiento de la normativa por parte de las empresas reguladas? Esto no es más que asegurar que los servicios no se vean interrumpidos y que los clientes no resulten perjudicados. Hoy, el sistema colapsó ante una emergencia que, si bien no se podía prever en su magnitud exacta, era sabido que vendrían fuertes vientos. Y que mañana tendremos otra contingencia y la situación se repetirá nuevamente.
Actualmente, muchos adultos mayores que viven de pensiones mínimas enfrentan una doble carga: pagar altas contribuciones por hogares que han mantenido toda su vida y, además, tener que invertir en sistemas alternativos de generación de energía para poder vivir en sus casas. Para aquellos que son electrodependientes, esta situación no es solo una molestia, sino una cuestión de vida o muerte.
Entonces, ¿qué está haciendo el gobierno? En un país como Chile, propenso a terremotos y desastres climáticos, debería ser prioritario otorgar subsidios a todos los hogares para que puedan ser más resilientes ante los cortes de suministro. Además, se podrían explorar alternativas que permitan que las inversiones en sistemas de generación de energía se compensen con una disminución de algunos impuestos territoriales.
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Freddy Mora | Imprimir | 936
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