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El Diario del Maule Sur
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Hoy
Opinión 07-04-2026
UN ENCUENTRO EN LA PALABRA Taller Literario de la “AGRUPACIÓN CULTURAL GERMÁN MOURGUES BERNARD”
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LAS ESPUELAS DE PLATA
Lucy Yáñez Olave

Dicen que estos hechos ocurrieron hace muchos años entre Linares y San Javier, en uno de los lomajes costeros cerca del río Loncomilla, donde la esforzada gente se dedicaba a trabajar la tierra.
En uno de estos campos, mientras un campesino araba bajo los fuertes rayos del sol, repentinamente chocó con algo que produjo un ruido metálico. Quedó tan sorprendido al escuchar ese tintineo, que, aunque el calor lo sofocaba, su entusiasmo era tal, que clavó fuerte el azadón en la tierra.
—¿Qué será esto que suena y suena? —pensó. De repente vio algo que brillaba. Esto le provocó tanta curiosidad, que hundió con fuerza la punta de la herramienta… ¡y qué sorpresa! Le aparece “un par de espuelas”. Al parecer, eran de plata y cuando él honradamente le contó de su hallazgo al patrón, éste las reclamó, diciendo que “todo lo que ahí se encontrara, le pertenecía” por lo tanto reclamó sus derechos.
Ante esta situación, tuvieron que someterse a un comparendo. El juez escuchó a ambas partes y luego determinó que las espuelas pertenecían a quien las había encontrado. Al parecer, estas espuelas favorecieron a este honrado trabajador, pues con su venta pudo adquirir sus propias tierras las que con su trabajo perseverante convirtió en un hermoso viñedo.
Pasado un tiempo, el segundo poseedor de las espuelas decidió trocarlas por una yunta de bueyes, con la que él y su familia trabajaron los campos. Generosamente, él compartía este bien con sus vecinos logrando, después de un tiempo, un gran bienestar económico para toda la comunidad.
Pasaron algunos años y la tercera persona que había adquirido las espuelas, las tuvo que vender; a cambio recibió una vaca preñada, la que muy luego dio a luz un ternero. La familia cuidaba con dedicación y esmero a los vacunos que con el tiempo aumentaron sus ganancias solucionando todos sus problemas económicos.
Y así, sucesivamente las espuelas de plata fueron pasando de mano en mano, de trabajador en trabajador. Un día, un campesino recordó que alguien de Carrizal le había dicho que esas espuelas habían pertenecido a don Bernardo O’Higgins y que cuando él cabalgaba entre Santiago y Concepción, las había perdido sin encontrarlas jamás.
Bernardo O Higgins, quien tuvo la capacidad de formarse y educarse en soledad, sin su padre, alejado de su madre, quizás había dejado en estas espuelas la virtud de favorecer a quienes se esforzaban en el trabajo, eran perseverantes, generosos y comprometidos con su comunidad.


Freddy Mora | Imprimir | 224