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Hoy
Opinión 19-05-2026
UN ENCUENTRO EN LA PALABRA Taller Literario de la “AGRUPACIÓN CULTURAL GERMÁN MOURGUES BERNARD”
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GERMÁN MOURGUES Y LA ARTESANÍA

FICHA TÉCNICA
Título: máscaras
Datación: 1980 (aprox.)
Medidas: entre 50 y 58 cm. de altura
Material: madera
Técnica: tallado con incrustaciones de
nácar, crin y estopa
Estado de conservación: bueno
Procedencia: colección de la familia
Mourgues Ortega, Linares
Tema: expresiones faciales

Entre las múltiples actividades desarrolladas por Germán Mourgues la artesanía ocupó un lugar central. Es más, podríamos decir que para él no existía diferencia entre ésta y el arte, así lo declara en un par de párrafos de su relato “La máscara y los cuatro clientes”.
Su vida pareció estar signada por la necesidad —compulsiva— de transfiguración ante la materia, cualquiera fuese ésta, que lo impulsaba a transformarla, a animarla, a imprimirle una forma. Es así como, los cuescos de palta le servían, como en un juego, para crear pequeñas “esculturas”. No se libró de esto ni el queso de la mesa familiar que se convertía en pequeñas esculturas que después terminaban en su estómago o en el de sus hijos.
Al respecto, sus hijos refieren que en su niñez jugaba con ellos a crear figuras de masa, recuerdan especialmente la ocasión en que adelgazó un trozo de forma circular, cerrándolo en seguida como un globo al que luego de inflarlo le modeló cabeza y cola transformándolo en una pequeña gallinita que cocinó en la parrilla del brasero. De este modo, para él cualquier material era digno de convertirse en pequeñas obras; el barro, la arcilla, la madera, las piedras de río, el cartón, los huesos y las conchas de cholga. De estos últimos decía que eran, respectivamente, un preciado “marfil de vaca” o un valioso "nácar" de maravillosos colores iridiscentes.
De este modo exploró más allá de los materiales tradicionales tomando todo lo que estaba a su disposición e integrándolo en obras, como hemos señalado, siempre situadas en un espacio entre el arte y la artesanía. Dicho de otra manera su arte tenía mucho de artesanía y su artesanía mucho de arte. En madera tallaba — entre otros objetos— máscaras, platos, cucharas y bastones que vendía en la feria de arte popular del Parque Ecuador en Concepción. Trabajaba también piedras de río y otras semipreciosas con la ayuda de máquinas diseñadas y creadas por él transformándolas en pequeños objetos artísticos muchos de los cuales pasaron a formar parte de su casa en pavimentos y muros.
También, las mismas máquinas que construía eran obra de artesanía, ingeniosos artilugios hechos con maderas de desecho y algunas piezas metálicas obtenidas en cachureos. En su taller nada sobraba, todo se reciclaba, en una profunda refutación a la lógica capitalista basada en el consumo desenfrenado y el despilfarro de los recursos. En este sentido, es notable una máquina completamente automática diseñada para perforar piedras semipreciosas replicando métodos utilizados en antiguas culturas. Se trataba de un taladro cuya “broca” consistía en un par de alambres de cobre retorcidos que, por obra de engranajes y ejes excéntricos, se levantaba cada cierto tiempo mientras otro mecanismo dejaba caer un poco de arena abrasiva y algunas gotas de agua. Así al cabo de un día lograba perforar pequeñas ágatas.
En su entorno todo tenía una forma caracterizada por su originalidad; las puntas de las vigas, las puertas, los apoya libros, los frascos en que guardaba algunos materiales, los mangos de las herramientas o las bazas de algunos pilares. Nada era ajeno al “horror vacui” del artista, excepto la naturaleza en su estado prístino.
Entre sus trabajos artesanales destacan sus bastones en los que mezcló materiales diversos como; dientes de cachalote, huesos de mandíbulas de ballena, conchas de cholga, madera, colmillos de cerdo, incrustaciones de piedras semipreciosas como jaspes, turquesas, ágatas y lapislázuli. Los últimos años de su vida dedicaba gran parte de su tiempo a la creación de pendientes, cruces, cuchillitos, etc. destinados a participar en la Feria de Arte Popular del Parque Ecuador en Concepción. Esto estaba motivado en parte a que había empezado a menguar el trabajo de marmolería, pero fundamentalmente porque el viaje a la “feria artesanal” era una aventura que esperaba con gran expectativa, no tanto porque constituyese una oportunidad económica, sino más bien porque representaba una ocasión de aventuras, de conversaciones interminables y de conocer a gente con intereses semejantes a los suyos.
Freddy Mora | Imprimir | 214